Los problemas financieros no son ajenos a muchas familias. La presión económica, la escasez o la incertidumbre respecto al futuro pueden convertirse en una fuente constante de preocupación, afectando no solo la estabilidad material del hogar, sino también la paz emocional y relacional. Sin embargo, aun en medio de estas dificultades, tu matrimonio puede vencer la crisis financiera.
Las dificultades financieras en el matrimonio son una realidad. La pregunta no es si llegarán, sino cómo enfrentarlas cuando la escasez o los conflictos por el dinero toquen a la puerta. Tal vez no podamos evitar una crisis económica que impacta a tantos hogares, pero sí podemos evitar que esas dificultades resquebrajen nuestro matrimonio y lo dejen sepultado bajo los escombros de la frustración, la derrota y la tristeza.
Cuando la adversidad financiera amenaza con afectar la armonía del hogar, la Palabra de Dios nos ofrece principios claros y firmes para atravesar la prueba sin perder la fe, la unidad ni la esperanza.
1. Cree y confiesa con fe las promesas bíblicas de bendición financiera
Aunque la realidad intente apagar nuestra fe y arrastrarnos al pozo de la duda y la desesperación, la Escritura nos recuerda que “por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). Reconocer la necesidad no significa rendirse ante ella. Cuando las circunstancias contradicen la Palabra de Dios, rechaza los pensamientos de escasez, pobreza y bancarrota, y proclama con fe:
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que me falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
2. Reconoce que se trata de un tiempo de escasez, no de una condición permanente
Si permites que la idea de que “esta escasez nunca se va acabar” eche raíces en tu mente, serás presa fácil del desaliento. Decide no creer las mentiras del enemigo y afirma la verdad de Dios:
“Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Salmos 30:5).
3. Agradece al Señor por lo que ya te ha dado
En tiempos de escasez solemos olvidar los milagros del pasado, aquellas ocasiones en las que Dios manifestó su poder y provisión. Si lo hizo antes, puede hacerlo nuevamente. Él “es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Decide también estar contento con lo que tienes hoy, recordando esta promesa de nuestro Señor: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).
4. No te compares con quienes están mejor económicamente
La comparación siempre genera frustración y descontento. Sin embargo, Dios ha declarado:
“Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo” (Deuteronomio 28:13). El trato de Dios es diferente en la vida de cada persona; pero cada uno debe pelear por su bendición y por lo que Dios dice que somos. Primera de Pedro 2:9-10 señala: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”. No somos pobres ni mendigos, somos “linaje escogido, real sacerdocio”.
5. Ajusta tu presupuesto y evita contraer nuevas deudas
No basta con orar, bendecir nuestra economía y confesar las promesas de prosperidad divina. También se requieren decisiones prácticas para no seguir arrastrando la pesada carga de deudas acumuladas, que nos impide recibir la bendición de Dios. Las deudas se convierten en una forma moderna de esclavitud. Por eso la Palabra nos exhorta: “Pagad a todos lo que debéis… No debáis a nadie nada” (Romanos 13:7-8). Haz los ajustes correspondientes para no deber “a nadie nada”.
6. Mantén un corazón generoso aun en tiempos de escasez
La Biblia enseña que podemos dar incluso en la pobreza. Los creyentes de Corinto, “de su profunda pobreza”, abundaron “en riquezas de su generosidad” (2 Corintios 8:1-4). Dar cuando hay abundancia es fácil; dar en escasez requiere fe. Invierte en la obra de Dios y bendice a otros aun con lo poco que tengas.
7. Cree que Dios puede suplirte más allá de tus ingresos
Dios no está limitado a tu salario mensual. Él puede proveer de maneras inesperadas: una ofrenda, una deuda cancelada sobrenaturalmente, el cobro de una suma de dinero impensada. Filipenses 4:19 afirma que Dios suple conforme a sus riquezas en gloria, no conforme a nuestros recursos. Que podamos declarar como el profeta Miqueas: “Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá” (7:6-8)
8. Honra a Dios con fidelidad en diezmos y ofrendas
La Palabra de Dios es clara en Malaquías 3:8-12 con respecto a los diezmos y las ofrendas. Honrar a Dios con fidelidad protege al hogar de la escasez. El principio sigue siendo válido: “lo primero, primero”. El diezmo es una expresión de confianza y obediencia.
9. Evita discutir con tu cónyuge por causa del dinero
La presión financiera no debe convertir a tu cónyuge en el blanco de tu frustración. Cuando los problemas financieros amenacen la felicidad de nuestro matrimonio, debemos tomar precauciones para evitar que se produzcan grietas y fisuras que terminen por destruir nuestra relación. En tiempos de escasez debemos ser prudentes y vigilantes, recordando que nuestro “adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).
10. Entrega tu carga financiera al Señor y cree en su intervención
La Escritura nos anima: “No se inquieten por nada, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).
Refuerza la oración personal y conyugal, recordando la promesa de Jesús: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo… les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19-20).
Cree por la fe, que Dios hará milagros en tus finanzas y que podrás declarar como el profeta Isaías: “Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas” (Isaías 25:1).
Jesús nunca prometió una vida sin dificultades. Él dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Aun así, creemos firmemente que Dios ha dado promesas de bendición financiera a sus hijos.
Tu matrimonio puede salir victorioso aun en medio de la presión económica. No te desesperes. Confía en el Señor y verás cumplirse esta palabra en tu vida: “…sacaron fuerzas de debilidad; se hicieron fuertes en batallas” (Hebreos 11:34).
Dios quiere fortalecerte en medio de la adversidad financiera. Pelea contra el enemigo de la escasez con la espada de la Palabra de Dios. Confiesa sus promesas, ajusta tu presupuesto y camina en obediencia.
“Fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 Pedro 3:9). No te rindas. Los hombres y mujeres de fe sacan fuerzas de la debilidad y se hacen fuertes en la batalla.
Ritchie y Rosa Pugliese
