Por Ritchie & Rosa Pugliese
Es difícil mirar hacia el futuro con esperanza cuando no se vislumbra un mañana mejor. El cansancio acumulado, las pérdidas, la incertidumbre y las noticias constantes de crisis mundial pueden apagar el ánimo incluso de los más fuertes. Sin embargo, en medio de este panorama, la Palabra de Dios se levanta con una voz firme y clara:
“Porque yo sé los planes que tengo acerca de ustedes, dice el SEÑOR, planes de bienestar y no de mal, para darles porvenir y esperanza” (Jeremías 29:11).
Es importante aclarar que Dios no comunicó estas palabras a un pueblo que gozaba de tiempos de bonanza, sino a un pueblo en exilio, rodeado de incertidumbre y dolor. Aun así, el Señor afirmó que su propósito no había cambiado. Esa misma verdad sigue siendo válida hoy.
Un mundo cansado y herido
Al cerrar este año, es evidente que el mundo atraviesa tiempos de grandes desafíos. Según datos de las Naciones Unidas, más de 122 millones de personas han sido desplazadas forzosamente en el mundo debido a guerras, persecuciones y conflictos armados (ACNUR, Informe Global 2024). La Organización Mundial de la Salud ha advertido que los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron en más de 25 % a nivel global tras la pandemia, afectando profundamente la salud emocional de millones de personas.
Asimismo, a esto se añaden los desafíos económicos persistentes. El Banco Mundial informa que más de 700 millones de personas viven en pobreza extrema, mientras muchas familias continúan adaptándose a cambios económicos y sociales en distintas regiones del mundo. En este contexto, no es extraño que algunas personas lleguen al final del año con cansancio, incertidumbre o preocupación por el futuro.
Las pruebas revelan quiénes somos
Aun así, las pruebas no solo nos hieren. También revelan quiénes somos y en qué hemos puesto nuestra confianza. Las dificultades que enfrentamos y logramos superar cuentan la historia de nuestra fe.
El apóstol Pablo no vivió una crisis global como la de estos días, pero sí enfrentó una sucesión de pruebas personales extremas. Él mismo describió sus desventuras con estas palabras:
“¿Son servidores de Cristo? ¡Qué locura! Yo lo soy más que ellos… He sido encarcelado más veces, he recibido los azotes más severos… he pasado peligros de ríos, de bandidos, de mis compatriotas, de los gentiles… hambre, sed, frío y desnudez” (2 Corintios 11:23-27).
Sin embargo, nada de eso logró apartarlo del propósito de Dios. Pablo permaneció firme porque su esperanza no estaba puesta en las circunstancias, sino en el Señor que lo había llamado.
No te rindas, Dios aún está obrando
No importa cómo haya sido este año para ti o para tu familia. Tal vez ha estado marcado por desafíos, decisiones difíciles o cambios inesperados. Aun así, este no es el final de tu historia. Dios sigue teniendo “planes de bienestar”, incluso cuando el presente parece confuso o contradictorio.
Si estás atravesando momentos difíciles en tu hogar, no te rindas. Ya sea en el matrimonio, en la relación con nuestros hijos, padres, hermanos o seres queridos, Dios nos llama a perseverar y a buscar su dirección. Vivimos en una cultura que muchas veces propone soluciones rápidas o formas de evadirnos de la realidad, pero el Señor nos invita a luchar por la unidad, la restauración y la sanidad de la familia.
Hoy más que nunca, el mundo necesita ver hogares que se mantienen firmes en la fe, familias que eligen la esperanza por encima del desaliento y la frustración y matrimonios que, aun con imperfecciones, reflejan el diseño y el amor de Dios en medio de las pruebas.
Mirando al nuevo año con fe
El nuevo año no promete ausencia de dificultades, pero sí ofrece una oportunidad renovada de confiar en Dios. La clave para perseverar no es la fuerza humana, sino la determinación de caminar con Él.
Por eso, al comenzar este nuevo año, no bajes los brazos. Pelea tu batalla en oración. Dios no está limitado por ninguna crisis global, económica o personal. Él sigue siendo Todopoderoso. Su nombre está por encima de cualquier otro nombre; llámese escasez, enfermedad, conflicto familiar o guerra.
Pon tu fe en Dios y sigue adelante, porque Él es “galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).
Para concluir, que este nuevo año te encuentre caminando con esperanza de un futuro mejor, sostenido por la certeza de que Dios sigue obrando, aun cuando no siempre lo veamos.
