NAVIDAD: CUANDO DIOS SE REVELA Y EL CORAZÓN RESPONDE

La Navidad es mucho más que una fecha especial en el calendario o una tradición para celebrar. Es un tiempo en el que Dios irrumpe en la historia, se revela a la humanidad y llama a cada corazón a responder a su llamado. En medio de las luces, las celebraciones y los recuerdos, el relato bíblico nos invita a profundizar y a reconocer que la verdadera Navidad es cuando Dios se revela y el corazón responde con fe, obediencia y adoración.

Al meditar en el anuncio del ángel Gabriel a María y en la actitud de adoración de los magos, descubrimos que la Navidad es un tiempo propicio para milagros, nuevos comienzos y una respuesta humilde delante de Dios.

  1. NAVIDAD, UN TIEMPO PARA QUE LLEGUE A NUESTRA VIDA ALGO NUEVO… UN MILAGRO

Un ángel se apareció a María y le dijo: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS” (Lucas 1:31). El ángel le anunció que llegaría algo completamente nuevo a su vida: nada menos que un hijo, concebido por obra del Espíritu Santo. No solo era algo nuevo, sino un milagro absoluto.

La Navidad nos recuerda que Dios sigue siendo el Dios de los milagros. Este es un tiempo para orar y pedirle aquello que, humanamente, parece imposible. Sí, incluso ese milagro que hemos estado esperando.

  1. NAVIDAD, UN TIEMPO PARA CONCEBIR UN NUEVO PROPÓSITO DIVINO EN NUESTRA VIDA

En referencia al santo ser que nacería (Jesús), el ángel anunció: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32). El nacimiento de Jesús no fue un hecho aislado, sino el cumplimiento de un propósito divino: glorificar a Dios y establecer su reino eterno.

La Navidad es un tiempo oportuno para pedirle a Dios que también cumpla sus propósitos divinos en nuestras vidas.

  1. NAVIDAD, UN TIEMPO PARA QUE EL ESPÍRITU SANTO GESTE ALGO NUEVO EN MEDIO DE SITUACIONES HUMANAMENTE IMPOSIBLES

Cuando María recibió el mensaje sobrenatural del ángel, era una doncella virgen comprometida, pero no casada (en esa época era requisito que toda joven judía se conservara pura hasta el día de la boda). Desde toda lógica humana, lo anunciado por el ángel era completamente imposible. “Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:34-35).

La Navidad nos recuerda que Dios obra precisamente en medio de nuestras imposibilidades. Este es un tiempo para confiar y creer que nada es imposible para Él.

  1. NAVIDAD, UN TIEMPO DE PREPARACIÓN ESPIRITUAL

María no era una joven cualquiera. La Escritura destaca su pureza al repetir dos veces la palabra “virgen” en Lucas 1:27: “…a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María”.

Dios eligió a María porque había guardado su vida en santidad. Si deseamos recibir algo nuevo de parte de Dios, también somos llamados a santificarnos delante de Él. Como declara la Palabra: “El que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:11). La Navidad es un tiempo para preparar el corazón.

  1. NAVIDAD, UN TIEMPO PARA HALLAR GRACIA DELANTE DE DIOS

El ángel le dijo a María “has hallado gracia delante de Dios” (Lucas 1:30). La gracia es un favor inmerecido, un regalo que no se obtiene por esfuerzo humano ni por buenas obras. No hay penitencia que compre el favor de Dios.

La Navidad nos recuerda que todo lo recibimos por gracia. Este es un tiempo para pedirle a Dios su favor sobre nuestra vida y para descansar en su amor.

  1. NAVIDAD, UN TIEMPO PARA NO TEMER, SINO PARA CREER Y RENDIRNOS A DIOS

Cuando el temor llega a nuestra vida, nos paraliza y nos impide creer. Por eso el ángel le dijo: “María, no temas” (Lucas 1:30). La Navidad es un tiempo propicio para rendirnos a Dios y permitirle hacer su voluntad, aun cuando no entendemos el proceso.

Quizás hoy solo veas esterilidad, sequía, tristeza, dolor, ausencias o frustraciones en tu vida. Aun así, Dios quiere hacer algo nuevo en ti con un propósito eterno. Como María, somos invitados a proclamar: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38)

  1. NAVIDAD, UN TIEMPO PARA RECONOCER LA REVELACIÓN DE DIOS Y RESPONDER CON ADORACIÓN

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (Mateo 2:1–2).

¿Quiénes eran esos magos de oriente? El libro de Daniel relata las experiencias, visiones y profecías del profeta durante su cautiverio en Babilonia, tras la conquista de Judá por Nabucodonosor en el 605 a.C. y la deportación de muchos de sus habitantes, entre ellos Daniel.

La Escritura afirma que el rey halló a Daniel y a sus amigos “diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino” (Daniel 1:19–20), y que luego lo “hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia” (Daniel 2:48).

Como profeta, Daniel dejó registradas revelaciones de Dios sobre los reinos venideros y la llegada del Mesías. Es razonable pensar que sus escritos fueron preservados por generaciones posteriores de los sabios de esa región de oriente. Con el tiempo, esas profecías demostraron ser verdaderas, pues la historia se desarrolló tal como Dios lo había profetizado (Daniel caps. 2–7).

Cuando Dios hizo aparecer una estrella en el cielo, en un acto claro de revelación, esos sabios de oriente supieron interpretar la profecía y reconocer su significado. La Escritura no detalla todo su razonamiento, pero sí deja clara su respuesta: comenzaron a seguir la estrella porque Dios había hablado, y la historia les había enseñado que Él cumple su palabra.

Buscaron al Mesías anunciado por las profecías. La revelación los condujo a Emanuel, Dios con nosotros, y al verlo, “se postraron y lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11).

La Navidad nos recuerda que Dios se sigue revelando a nosotros, pero no todos responden de la misma manera. Algunos ignoran la señal; otros, como los sabios, reconocen la voz de Dios, buscan a Jesús y lo adoran.

En esta Navidad, Dios sigue hablando y mostrando su luz en medio de la oscuridad. La pregunta no es si Él se revela, sino si estamos dispuestos a reconocer su voz, buscar a Jesús y rendirnos ante Él en adoración.

Cuando Dios se revela, el verdadero milagro ocurre en quienes responden con un corazón humillado delante de Aquel que vive y reina por los siglos de los siglos: Jesús, Emanuel, Dios con nosotros.

¡Feliz Navidad!

Ritchie y Rosa Pugliese


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