La bendición integral de Dios incluye siete bendiciones clave para el matrimonio. ¡Conoce cuáles son las siete bendiciones matrimoniales, y pídeselas a Dios!                                                  

  1. LA BENDICIÓN DE LA FIDELIDAD

La fidelidad es el primer fundamento que un matrimonio necesita. La fidelidad es un principio de vida válida para nuestra relación con Dios y con nuestro cónyuge. Es uno de los valores más difíciles de expresar, porque para hacerlo debemos tener fortaleza de carácter espiritual, y esto es un don de Dios.  Es una decisión personal ser y mantenerse fiel, pero debemos saber que si Dios no nos concede su gracia, podemos fallar.  La fidelidad matrimonial es el subproducto de nuestra relación de fidelidad a Dios. ¡Solo el Señor es absolutamente fiel! Si Dios no nos da su gracia, podemos ceder fácilmente ante la presión de la sociedad que, muchas veces, promueve la infidelidad. Por eso, ¡necesitamos la bendición de la fidelidad!

“Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales” (Hebreos 13:4, NVI).

  1. LA BENDICIÓN DEL AMOR

El amor que predomina en nuestra sociedad es mayormente sexual y sentimental. Es un amor inestable y poco duradero. Hoy día es frecuente escuchar a los cónyuges decir “¡Se acabó el amor!”,  y así dan por terminada su relación. En cambio, Dios puede derramar sobre la pareja un amor sobrenatural, firme al pacto hecho ante el altar, que permanezca a lo largo de los años y se renueve con el paso del tiempo.

¿Te imaginas experimentar esta clase de amor? ¡Necesitamos desesperadamente que Dios derrame sobre nuestro matrimonio la bendición del amor!

“El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:8).

  1. LA BENDICIÓN DE LA PROCREACIÓN Y EL DISFRUTE SEXUAL

Engendrar un hijo y llegar a ser padres es una de las bendiciones y los desafíos más grandes para el ser humano. La procreación es un milagro de Dios y un mandato original, como podemos leer en Génesis 1:28: “… fructificad y multiplicaos”. Dios ha estipulado que los hijos provengan de matrimonios bien constituidos y que sean engendrados en un marco de amor. Lamentablemente, muchas parejas no pueden engendrar hijos debido a problemas físicos,  hormonales o hereditarios que les impide concebir. La esterilidad de la mujer o el varón produce amargura e insatisfacción, pero la confirmación de un embarazo alegra el alma y el espíritu del hogar. ¡Necesitamos la bendición de la procreación para nos libre de la esterilidad y nos permita engendrar hijos!

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre” (Salmos 127:3).

  1. LA BENDICIÓN DE LA PAZ

Definitivamente, sin paz es imposible vivir. En muchos hogares hay una “pelea” constante donde predominan las discusiones, la agresividad, los gritos y, en algunos casos, incluso la violencia verbal o incluso física (este es un problema aun más grave). Esta no es la vida que Dios diseñó para los cónyuges. La paz conyugal es el resultado de la paz individual, que cada cónyuge tiene con Dios y de su decisión de procurar la paz en su relación matrimonial. ¡Solo Jesucristo puede dar verdadera paz!  Cuando los cónyugen tienen la paz de Dios en  su vida, reina la armonía en el hogar y los cónyuges aprenden a disentir en amor y a ser pacificadores.

¡Necesitamos la bendición de la paz para no vivir en medio de peleas, discordias, discusiones, gritos y violencia!

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

  1. LA BENDICIÓN DE LA SALUD

¡La salud es un tesoro divino! Una pareja puede poseer todas las riquezas y gozar del mayor bienestar, pero si uno o ambos cónyuges viven enfermos, de nada sirven los bienes que posean. La pérdida de la salud causa tristeza, dolor y padecimientos para el enfermo y para aquellos que lo rodean. En medio de las enfermedades, virus y pandemias de este mundo es posible tener salud divina. Más allá del esfuerzo que hagamos por cuidarnos, la salud diaria es un regalo del cielo.

¡No podemos vivir sin la bendición de la salud divina!

“El que sana todas tus dolencias” (Salmos 103:3b); “Amado, yo deseo… que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2)

  1. LA BENDICIÓN DE LA PROSPERIDAD

En un mundo excesivamente consumista, carecer de recursos nos hace sentir insatisfechos e infelices, porque, lamentablemente, la sociedad nos valora por lo que poseemos más que por lo que somos.

Independientemente de esta realidad, los problemas financieros constituyen un verdadero problema, que el diablo utiliza muy bien para resquebrajar y destruir al más unido de los matrimonios. Se necesita mucha madurez espiritual para que la pareja no se divida cuando arrecia la escasez, la miseria y la pobreza por un tiempo prolongado.

¡Necesitamos la bendición de la prosperidad para vencer a los espíritus de pobreza, miseria y vergüenza financiera!

“Dios… saca a los cautivos a prosperidad…” (Salmos 68:6).

  1. LA BENDICIÓN DE LA FELICIDAD

El diccionario de la RAE define la felicidad como: “Estado de grata satisfacción espiritual y física”.  Contrario a la creencia popular, que asocia la felicidad con las posesiones materiales y el bienestar financiero, podríamos afirmar que la felicidad es caminar con Dios, experimentar su presencia todos los días, estar agradecidos en todo tiempo, con la certeza de que Dios dispone todas las cosas para nuestro bien (Romanos 8:28). La felicidad está asociada con llevar una vida piadosa, en el temor de Dios.

¡Para vivir en esta dimensión necesitamos desesperadamente la bendición de la felicidad que solo nuestro Dios nos puede otorgar!

“El que dijere al malo: Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones; más los que lo reprendieren tendrán felicidad, y sobre ellos vendrá gran bendición” (Proverbios 24:24-25).

Todos los casados necesitamos estas siete bendiciones matrimoniales… ¿Ya se las has pedido al Señor? ¡Recíbelas por fe y tu relación matrimonial será renovada!

Y daré bendición… lluvias de bendición serán” (Ezequiel 34:26).

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

 

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