Esta es una pregunta que suele presentarnos dudas y llevarnos a la reflexión. Por lo general, en el momento de elegir una pareja, muy pocos se preguntan si esa persona que eligieron es la voluntad de Dios para sus vidas. Hay otros motivos que pueden llevar a una persona al matrimonio, como por ejemplo: atracción física, intereses personales, conveniencia económica, obligación o miedo a quedarse solteros.

Podemos afirmar con certeza que nos hemos casado en la voluntad de Dios, si hemos orado y le hemos pedido al Señor que nos dé un compañero/compañera para pasar el resto de nuestra vida juntos. Si hemos esperado en Él hasta conocer a la persona que Dios tenía preparada para nosotros. Solo así podemos casarnos en la voluntad de Dios, que siempre es agradable y perfecta (ver Romanos 12:2).

Ahora bien, ¿si este no es tu caso? ¿Si te apresuraste a hacer tu propia voluntad o no conocías a Jesús, como tu Señor y Salvador? ¡Hay una buena noticia! Puedes arrepentirte y reconocer delante de Dios que solo/a no puedes seguir adelante. La Biblia nos reconforta cuando leemos: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (Romanos 8:28, NTV). 

Algunos piensan que su vida matrimonial está perdida porque no conocieron al Señor antes de casarse. Otros se confunden al pensar que tal vez Dios hubiera querido que se casaran con otra persona. Sea como sea, si has conocido la fe del evangelio de Cristo y ahora amas a Dios, “Él promete disponer todas las cosas para tu bien”. Necesitas que Dios intervenga en tu vida matrimonial.

Aun en la situación más difícil y complicada, Dios puede intervenir y encaminar todo para bien. ¿Cómo lo hará? No lo sabemos, pero sabemos lo que dice la Palabra: “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos” (Is. 55:8-9, NTV).

En nuestra mente finita no podemos comprender ni imaginar lo que Dios puede hacer, pero su poder es infinito. Tenemos un Dios Todopoderoso, que se compadece de sus hijos. Y, sin duda, Él intervendrá en tu vida matrimonial con su poder de restauración. Dios está esperando que vengas a Él y lo reconozcas como el Señor. Invítalo a entrar en tu vida y en tu matrimonio, y Él hará nuevas todas las cosas.

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

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