Esta semana se festeja en los Estados Unidos el tradicional “Día de Acción de Gracias”. El cuarto jueves de noviembre es una fecha que reúne a familias y amigos para compartir, dar gracias y disfrutar sabrosas y clásicas comidas. La historia cuenta que el primer Día de Acción de Gracias fue una celebración de tres días en la Colonia de Plymouth (hoy parte del estado de Massachusetts) en el año 1621, a la cual asistieron noventa nativos norteamericanos y cincuenta y tres peregrinos para dar gracias por haber recogido su primera cosecha en el “nuevo mundo”.

Los últimos dos años han sido muy difícil para todos, algunos han perdido familiares y amigos, otros han estado enfermos y se han recuperado, otros han tenido cambios significativos en sus vidas, como bodas, nacimientos, compromisos, mudanzas, nuevos empleos, etc. Por ello, más que nunca amerita que nos reunamos alrededor de la mesa en paz y unidad para compartir una comida especial con aquellos que amamos y dar gracias a Dios por sus bendiciones sobre nuestras vidas.

En primer lugar, debemos estar agradecidos a Dios, nuestro Creador y dueño de nuestra vida. Para el Señor, la acción de gracias es tan importante que la estableció como el primer paso para entrar en su presencia, tal cual leemos en Salmos 100:4: “Entrad por sus puertas con acción de gracias…”. Es decir, que ser agradecidos nos abre la puerta a la presencia de Dios. ¡Qué privilegio!

En segundo lugar, debemos tener una actitud de agradecimiento con quienes nos rodean. Primera de Tesalonicenses 5:18 dice: “Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús”. El pasaje bíblico nos exhorta a dar gracias en “todo”. Esa palabra encierra las cosas grandes o pequeñas, los detalles importantes o triviales. En medio de la rutina de la vida, es muy fácil dar por hecho ciertas cosas y no agradecer a nuestros familiares y amigos por todo lo que ellos hacen.

El agradecimiento es una acción que reconoce el valor de otra persona. Por eso el matrimonio y la familia son las relaciones donde más se necesita que seamos agradecidos. Todos pasamos por momentos buenos y malos en nuestra vida familiar. Tal vez haya algo que te molesta de tu cónyuge; pero si comienzas a darle las gracias por los detalles aún más pequeños, te sorprenderás de los resultados que puedes llegar a ver. Agradecer es un mandato divino que bendice tanto al que da gracias como al que las recibe. La gratitud genera más gratitud. Y si tú agradeces a tu cónyuge por escucharte, por estar a tu lado en las buenas y en las malas, por traer el pan al hogar, por cocinar y servir la comida, por cada gesto de amor, por ayudarte en los quehaceres diarios, por orar por ti, etcétera, él/ella no solo también te agradecerá; sino que se sentirá animado/a a hacer muchas cosas más por ti. Y este es un principio que sirve para cualquier relación en la vida.

Lamentablemente, muchos esperan que su cónyuge sea “perfecto” —según su criterio— para darle las gracias. Sin embargo, eso no es más que una actitud de soberbia y orgullo. La persona agradecida es aquella que no se considera merecedora de recibir un favor o beneficio y reconoce que lo que recibe es por gracia divina.

Por lo tanto, toma la decisión de valorar cada gesto, cada detalle, cada favor que tu cónyuge hace por ti. Haz una lista de todas las cosas por las que le puedes agradecer y comienza hoy mismo a darle gracias por cada una de esas cosas. Y verás que tu cónyuge comenzará a valorar y reconocer también lo que tú haces por él/ella. Tu actitud de agradecimiento no solo producirá gozo, armonía y paz en tu hogar, sino que tu relación conyugal se solidificará y se fortalecerá.

Es tiempo de dar gracias. Y no te olvides de tener un corazón agradecido en todo momento.

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

 

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