Una de las preguntas que más se formulan las parejas a punto de casarse es si el matrimonio les hará perder su “libertad individual”. ¿Es así realmente? ¿Es la falta de libertad inherente a la vida matrimonial?

Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.

Este pasaje refleja una realidad anterior y posterior a la vida matrimonial. Observa que dice que el hombre dejará su estado de soltería, en la que goza de libertad individual, para pasar a una nueva dimensión: Ser “una sola carne”; es decir, ser uno con su mujer.

Ahora bien, ser “una sola carne” no debería implicar en absoluto la pérdida de la libertad individual. Sin embargo, cuando una pareja toma la decisión de contraer matrimonio, las cosas ya no serán como eran antes. Cada uno pasará de su estado individual de soltería a un estado conyugal donde se comparte la vida en pareja. Esto no significa que será peor, sino que la vida de los recientes cónyuges deberá acostumbrarse a la nueva realidad: ahora ya son “una sola carne”.

Este no es un problema que afecte a los cónyuges al principio de su vida matrimonial donde todo es “color rosa” y cuando lo que más desean es estar solos y vivir juntos todo el día si fuera posible. Sin embargo, cuando la rutina diaria empieza a hacer su aparición en escena pueden también surgir los primeros síntomas de asfixia en el matrimonio…y si eso sucede, comenzarán los enfrentamientos entre los cónyuges por la tan codiciada libertad.

Hoy día, muchas parejas modernas profesan vivir en libertad. Sin embargo, vivir una relación libre no es la libertad que debería reinar en un matrimonio saludable. Hace poco, escuchamos a una pareja hablar de que practican el “poliamor” (un término que se ha acuñado en los últimos tiempos), como una forma de vivir con la libertad de tener relaciones sexuales con otros hombres o mujeres. Sin embargo, la libertad que profesan tener no es más que “libertinaje”. El libertinaje es un abuso de la libertad, basado en el egoísmo, donde solo se busca la satisfacción personal, que dista mucho de “ser una sola carne”.

La libertad es una condición natural del ser humano, como señala el apóstol Pablo en Gálatas 5:1: “Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”. Y si Cristo nos hizo libres, podemos disfrutar de una sana libertad en la vida matrimonial. Es importante que cada cónyuge conserve su libertad individual para poder desarrollarse como un ser humano independiente. Por más obvio que parezca, tanto el hombre como la mujer necesitan realizar ciertas actividades que sean de su agrado, como practicar un deporte, ir al gimnasio, salir de compras, reunirse con sus amistades, etc., sin que eso sea en desmedro de la pareja.

Cada matrimonio deberá buscar el equilibrio justo entre vivir en pareja y acompañarse mutuamente, y seguir manteniendo su libertad individual y su espacio personal para que cada uno se desarrolle más allá de la relación matrimonial. Para ello es imprescindible fomentar un clima de confianza en la relación. En el verdadero amor hay libertad y confianza. “El amor… todo lo cree” (1 Corintios 13:4-6).

Como en todo orden de la vida, lograr el equilibrio justo y saber si mi libertad perjudica al otro puede ser difícil, como advierte el apóstol Pablo en 1 Corintios 8:9: “Tengan cuidado de que esa libertad que ustedes tienen no se convierta en motivo de tropiezo para los que son débiles”.

Existen cinco libertades básicas, que todo cónyuge necesita mantener, en miras de un matrimonio sano y feliz:

1. La libertad de cultivar su vida espiritual con Dios (tiempo devocional a solas con el Señor, congregarse, servir a Dios con sus dones).

2. La libertad de expresar sus ideas y opiniones y confrontar al otro sin experimentar ninguna represión.

3. La libertad de desarrollarse académicamente (estudiar o capacitarse en diversas áreas).

4. La libertad de disfrutar de las cosas buenas y sanas de la vida (pasear, ir de compras, caminar al aire libre, cocinar, salir de viaje, etc.).

5. La libertad de conservar su espacio personal y mantener su individualidad.

¿Deseas tener un matrimonio saludable y feliz? Trata de mantener estas cinco libertades básicas. No hay mayor bien que podamos hacer a nosotros mismos, que mantener nuestra libertad individual y conyugal. Como declaró Abraham Lincoln: “Los que niegan la libertad a los demás no se la merecen ellos mismos”.

Y por sobre todas las cosas, permanece en la verdad de la Palabra de Dios… porque “la verdad los hará libres” (Juan 8:31-32).

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

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