A través de los medios de comunicación, nuestra sociedad recibe a diario una avalancha de información nociva que atenta contra los valores que Dios ha establecido para la familia. Sin lugar a dudas, uno de esos blancos es el matrimonio… ¡específicamente, el matrimonio de aquellos que aman a Dios y tienen a Cristo como su Salvador!

No debemos ignorar que el enemigo de nuestras almas no respeta carteles religiosos ni denominacionales, y cuando encuentra un hueco por donde filtrarse o bien le damos lugar (Efesios 4:27), realiza su obra destructora (Juan 10:10).

Gracias a Dios no estamos solos. Como creyentes, contamos con la ayuda del Señor, los principios de su Palabra y la maravillosa presencia del Espíritu Santo. Sin embargo, hay algo que nos corresponde a nosotros hacer. Dice la Palabra:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:24-27, énfasis añadido).

En este pasaje, que enfatiza la importancia de tener un buen fundamento, Jesús compara dos casas: Una edificada sobre roca firme y la otra sobre arena movediza. La “casa” bien puede ser la vida matrimonial; es decir que si un matrimonio está edificado sobre la Roca Firme (Jesucristo), tiene la seguridad de que ese fundamento permanecerá inamovible.

Sin embargo, la realidad nos muestra que incluso los matrimonios de personas que profesan ser cristianas, se derrumban. El interrogante es: ¿por qué? ¿Acaso no tenían un buen fundamento?

Para encontrar la respuesta, vayamos a 1 Corintios 3:10-15:

Cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,  la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (énfasis añadido).

Según este pasaje bíblico, lo que sobreedificamos, es decir lo que colocamos sobre el fundamento (que es Cristo), puede quemarse en el fuego de la prueba y derrumbarse.

Aquellos que vivimos en zonas de huracanes podemos entender lo que dice el primer pasaje mencionado. Vienen a nuestra mente imágenes vividas tras el paso de un huracán. Los vientos arrecia y destruye todo a su paso. Lo único que permanece es el fundamento de las viviendas, pero todo lo que se había construido arriba se derrumba.

Esta ilustración nos muestra la triste realidad de muchos matrimonios cristianos. No han perdido el fundamento, porque aman a Dios y tienen a Cristo como su Salvador, pero lo que han edificado sobre ese fundamento se ha derrumbado. La pregunta que surge es, ¿cómo evitar eso? ¿Qué podemos hacer para que lo que sobreedifiquemos en nuestra vida matrimonial no se derrumbe bajo las presiones y dificultades de la vida?

La clave está en prestar atención a lo que “sobreedificamos” más allá del fundamento, que es Cristo. Por ejemplo:

  1. Desarrollar amistades sanas; es decir, personas de confianza y de una fe sólida en el Señor Jesús. Esto implica rodearse de: a) Otros matrimonios amigos que estén o hayan atravesado las mismas etapas que nosotros, pero que tomados de la mano de Dios salieron airosos; y b) Líderes espirituales o personas maduras en la fe, que nos puedan dar una palabra de aliento, consejo y guía, y que puedan orar por nosotros cuando lo necesitemos. Estar solos o no estar bien acompañados no nos ayuda a sobreedificar correctamente en nuestra vida matrimonial.
  2. Ser parte de una iglesia cristiana bíblica que cuente con líderes espirituales que conozcan los principios bíblicos para la vida familiar. Un liderazgo maduro, con años de experiencia en fidelidad matrimonial, es muy importante en los tiempos que vivimos. Una iglesia enfocada en la familia y sus valores es de gran bendición para edificar primero y sobreedificar luego correctamente.
  3. Capacitarse con estudios bíblicos dirigidos al desarrollo de la vida matrimonial, ya sea en la misma iglesia donde la pareja se congrega o a través de los distintos programas de estudio que ofrecen los ministerios dedicados a la vida familiar (libros, cursos, seminarios, talleres, estudios o capacitación en línea, etc.). La falta de conocimiento NO nos exime de las consecuencias de la ignorancia.

Reflexionemos ahora en las siguientes preguntas y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, para edificar bien y sobreedificar correctamente con principios firmes en nuestra vida matrimonial:

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN MATRIMONIAL:

¿Tenemos amistades que realmente aman al Señor? ¿Son fieles a lo que Dios enseña en su Palabra? ¿Son creyentes que practican estos principios en su vida matrimonial?

¿Tenemos líderes espirituales o personas maduras en la fe de fácil acceso, que están disponibles a ayudarnos en todo momento y darnos consejos sabios?

¿Podemos abrirles nuestro corazón y contar con su discreción y reserva? ¿Son personas que por su experiencia pueden darnos consejos útiles?

¿Asistimos a una iglesia donde se predica y se enseña regularmente sobre los principios familiares de la Palabra de Dios?

¿Nos hemos capacitado bíblicamente para tener un matrimonio feliz y duradero y ser mejores cónyuges? Si no lo hemos hecho, ¿tenemos planes de hacerlo?

¿Asistimos regularmente a talleres o seminarios de enriquecimiento matrimonial?

¿Tenemos conocimiento de otras opciones de capacitación a través de ministerios bíblicos que ofrecen recursos a través de la Internet para enriquecer nuestra vida matrimonial?

Jesucristo es la Roca firme, el fundamento inconmovible de nuestra vida. Tengamos cuidado con lo que sobreedificamos, o colocamos sobre el fundamento que es Cristo, para poder disfrutar de la maravillosa experiencia de un matrimonio sólido, feliz y duradero.

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

 

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