Sin dudas, donde más queda expuesto y se manifiesta el carácter de cada cónyuge es en el hogar. Tanto el hombre como la mujer tienen defectos propios de su naturaleza humana cargada de pecado. Sin embargo, hay ciertas actitudes que caracterizan más a la mujer, que al hombre. Hoy veremos las características que predominan en la mujer:

1. La esposa rencorosa: Es aquella que cuando hay una discusión y no pudo “salirse con la suya”, guarda silencio con cara larga por muchos días. Esta esposa es la que dice que “perdona, pero no olvida”. ¡Es un volcán en erupción! Sin embargo, la Palabra nos advierte: “Enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre su enojo” (Efesios 4:26).
2. La esposa mandamás: Es aquella que pretende ocupar el lugar del esposo. No se limita a dar sugerencias y buenas ideas, sino que siempre quiere tener la última palabra. Por lo general, se queja y dice “mi esposo no tiene carácter”. Sin embargo, el apóstol Pablo escribió a la iglesia de Corinto: “… quiero que sepan que Cristo es la cabeza de todo hombre, y el hombre es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo”.
3. La esposa quejosa: Es aquella que está descontenta por todo y no tiene gratitud. Cuando todo va bien, está contenta; pero cuando las cosas se complican rezonga por todo, como si la queja ayudara en algo. Sin embargo, la Biblia enseña: “Es mejor vivir solo en el desierto que con una esposa que se queja y busca pleitos” (Proverbios 21:19 NTV).
4. La esposa negativa y amargada: Es aquella que siempre “ve el vaso medio vacío”. Ante cada desafío de la vida, su comentario siempre tiene un tono amargo de incredulidad. Sin embargo, Hebreos 12:15 nos advierte: “No dejen brotar ninguna raíz de amargura, pues podría estorbarles y hacer que muchos se contaminen con ella”.
5. La esposa gritona: Es aquella que siempre se comunica a gritos. No es capaz de entablar una conversación calmada y pacífica, ni de tener palabras suaves y tiernas. Es la que dice, no estoy gritando, “solo estoy hablando con énfasis”, pero sus gritos distorsionan cualquier énfasis que quiera transmitir. Sin embargo, el Señor nos exhorta: “Quítense de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos y calumnia, junto con toda maldad” (Efesios 4:3).
6. La esposa chismosa: Es aquella que se deleita en criticar, murmurar y difamar a los demás. Sin embargo, el apóstol Pablo advirtió a Timoteo que no admitiera a las mujeres que “acostumbran a estar ociosas y andar de casa en casa. Y no solo se vuelven holgazanas, sino también chismosas y entrometidas, hablando de lo que no deben” (1 Tesalonicenses 5:11-13, NVI).
7. La esposa superficial: Es aquella que cree que la belleza física y la apariencia externa es lo más valioso en la vida. Se ocupa obsesivamente de su imagen y vive siempre pendiente de lo que piensan los demás. Sin embargo, el libro de Proverbios señala: “Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que teme al SEÑOR, ella será alabada” (31:30).
8. La esposa hipócrita: Esta es la mujer que asiste a la iglesia y dice ser cristiana, pero cuando termina la reunión no manifiesta una conducta de santidad y fidelidad a Dios. Se comporta de una manera frente a los hermanos de la iglesia, pero cuando llega a su casa, se quita la máscara y se muestra tal cual es. Sin embargo, la Biblia señala: “Si alguien parece ser religioso y no refrena su lengua sino que engaña a su corazón, la religión del tal es vana” (Santiago 1:26).
9. La esposa poco cariñosa: Esta mujer no tiene la capacidad de demostrar amor mediante un abrazo, una caricia o una palabra tierna. Si bien ama a su marido y le es fiel, no tiene la gracia de expresar amor o bien tiene vergüenza de hacerlo, quizás por conflictos interiores que necesitan sanidad de Dios. “¡Sáciate de sus caricias en todo tiempo! ¡Recréate siempre con su amor!” (Proverbios 5:18-20 RVC).
10. La esposa súper espiritual: Es aquella que todo lo espiritualiza. Es como si viviera en las nubes. Habla todo el tiempo de Dios; pero no cumple las responsabilidades básicas de la vida cotidiana; no se ocupa de su hogar, de sus hijos ni de su esposo. Su religiosidad (no confundir con espiritualidad) ha infectado su vida cristiana y no puede mantener una verdadera relación equilibrada con Dios. Sin embargo, Dios quiere que la mujer “tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha practicado la hospitalidad, si ha lavado los pies de los santos, si ha socorrido a los afligidos y si se ha dedicado a toda buena obra” (1 Timoteo 5:10).
11. La mujer hiperactiva: Esta mujer es la que siempre está haciendo algo y nunca descansa. Vive a un ritmo de actividad constante, que no le permite aquietarse y reposar. No concibe la vida sin hacer algo. Es presa de su perfeccionismo y se cree indispensable. Sin embargo, 1 Pedro 3:3-4 (RVC) señala: “Que la belleza de ustedes… dependa… del corazón, de la belleza incorruptible de un espíritu cariñoso y sereno”.

Quizás estés pensando que conoces algunas mujeres con estas características, pero todas las mujeres tenemos el mismo potencial de ser como la que acabamos de describir… a menos que Dios trabaje en nuestras vidas y nos transforme. La diferencia está en dar el control de nuestra vida a Dios, para que el Espíritu Santo pueda hacer de cada una de nosotras una esposa, compañera y amiga ejemplar.

No importa la clase de esposa que seas en este momento, sino la que puedes llegar a ser si le das las riendas de tu vida al Señor. Si decides hacerlo, no tengas ninguna duda de que tu esposo te lo agradecerá y tú también experimentarás el gozo y la bendición de ser una mujer virtuosa, que manifiesta en todo momento el carácter de Cristo.

¿Qué clase de esposa deseas ser?

Rosa Pugliese

CategoryArtículos, Mujer
Write a comment:

Your email address will not be published.

Follow us: