La relación conyugal es un proceso de aprendizaje constante, y como tal, cometeremos errores una y otra vez. Hay errores involuntarios, pero hay otros que se pueden evitar. Por ello es bueno examinar los siguientes puntos para evitar equivocarnos y fortalecer nuestra relación conyugal.

1. EMPEZAR A ORAR CUANDO EL PROBLEMA ESTÁ AVANZADO

La falta de oración es el error más grave que podemos cometer, porque cuando dejamos de orar nuestra vida comienza a descarriarse. La oración nos ayuda a volver a encauzar nuestra vida. Pablo exhortó a la iglesia de Tesalónica: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Es decir que debemos orar en todo momento, no solo cuando tengamos ganas o todo nos vaya bien. Orar nos ayuda a ocupar nuestra “mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2) y a cuidar nuestra relación con Dios y, por consiguiente, con nuestro cónyuge. Orar sin cesar no es estar arrodillado las veinticuatro horas, los siete días de la semana (aunque a veces tengamos que ponernos de rodillas delante del Señor); sino tener una actitud de oración constante y una consciencia continua de la presencia de Jesús en nuestras vidas. Es comunicarnos constantemente con nuestro Padre celestial para contarle todos nuestros pensamientos, todas nuestras circunstancias y todos los problemas que nos afligen.

¡No esperes a orar hasta que el problema sea demasiado grande! ¡El Señor te escucha en todo momento!

 2. DESCUIDAR EL ASPECTO FÍSICO Y ABANDONARSE ESTÉTICAMENTE

Aunque no parezca muy espiritual, el cuidado del cuerpo es muy importante no solo para la pareja, sino para Dios. Debemos comprender que la tentación en el mundo es muy fuerte, y si no cuidamos nuestro aspecto físico estamos empujando a nuestro cónyuge a mirar hacia “otro lado”.

“El cuerpo de ustedes es como un templo, y en ese templo vive el Espíritu Santo que Dios les ha dado. Ustedes no son sus propios dueños. Cuando Dios los salvó, en realidad los compró, y el precio que pagó por ustedes fue muy alto. Por eso deben dedicar su cuerpo a honrar y agradar a Dios” (1 Corintios 6:19-20, NTV).

3. OLVIDARSE DEL ROMANTICISMO

Muchas veces las responsabilidades y el ajetreo de la vida moderna hacen que nos olvidemos de ser románticos. Sin embargo, debemos fomentar el romanticismo para mantener viva la llama del amor. Dios no ha sido ajeno a esta necesidad de la pareja, porque en el Cantar de los Cantares nos muestra la relación más romántica entre un hombre y su esposa: Salomón y la sulamita. Si bien algunos alegan que el libro representa la relación amorosa entre Dios y su pueblo (o Cristo y la Iglesia), no deja de ser un buen ejemplo de amor entre cónyuges que desean una relación apasionada y romántica.

Para fomentar el romanticismo es necesario desarrollar una comunicación expresiva. Por lo general, los hombres suelen ser más callados, pero eso no significa que no puedan decir “piropos” o elogiar a su mujer, como por ejemplo:

“¡Eres bella, amada mía!
¡Eres sumamente bella!
Son tus ojos dos palomas
que se asoman tras el velo.
Son tus negros cabellos
cabritos que juguetean
en los montes de Galaad” (Cantares 4:1, NTV).

Y asimismo la esposa:
“¡Ay, amado mío,
cómo deseo que me beses!
Prefiero tus caricias,
más que el vino;
prefiero disfrutar
del aroma de tus perfumes.
Y eso eres tú:
¡perfume agradable!” (Cantares 1:2–3, NTV).

 4. DORMIRSE ENOJADOS DESPUÉS DE UNA DISCUSIÓN

El enojo es inevitable. Es una respuesta normal a cosas que nos molestan. El problema es dejar que ese enojo haga nido en nuestro corazón. Dice la Palabra en Efesios 4:26: “Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día”… ¡mucho menos varios días!  El enojo de hoy es un problema manejable, pero el enojo de ayer es muy peligroso. Cuando no perdonamos y olvidamos, el enojo se arraiga más en nuestro corazón y de esa manera le damos lugar al diablo con pensamientos de acusación y orgullo que levantan un muro de división en nuestra relación conyugal. No puedes evitar el enojo, pero puedes evitar que se agrave y sea destructivo.  Tú tienes el control. No permitas que el enojo te domine.

 5. FALTA DE RESPETO MUTUO

La falta de respeto mutuo es uno de los errores más destructivos entre los esposos. El respeto mutuo es esencial, porque si el matrimonio está atravesando momentos difíciles, el respeto mutuo es el punto de partida para tratar de superar esas dificultades. Las palabras hirientes y los descalificativos pueden dejar huellas profundas en quien las recibe. Muchas veces no son palabras; sino gestos de desaprobación, desprecio, “cara larga” y otros gestos de desagrado. Y ni hablar del mal trato que puede llevar a la violencia física.

Es imprescindible que el trato entre los cónyuges esté basado en el aprecio y la dignidad del otro. Parte de ese aprecio hacia el otro es amarlo y aceptarlo tal como es. Todo cónyuge maduro ayudará al otro a crecer y a ser mejor persona a través de un trato amoroso y comprensivo.

 “… esposas, sométanse a sus esposos, de modo que, si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa” (1 Pedro 3: 1–2, NVI).

“De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes” (1 Pedro 3:7, NVI).

 No permitas que estos errores comunes destruyan tu relación conyugal. Si te parece muy difícil corregir estos errores en tu vida, acude a nuestro Padre celestial y pídele que te ayude a manifestar el carácter de Jesucristo en cada situación. Recuerda orar en todo tiempo. El Señor está atento a tu oración.

Ritchie y Rosa Pugliese

¡Entra en el enlace de abajo para leer la segunda parte:

https://matrimoniosbendecidos.com/2020/02/20/errores-comunes-en-la-vida-matrimonial-parte-2/

 

 

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