Muchas veces cuando se habla de la influencia del Espíritu Santo en el hogar, algunos piensan que no es una realidad posible a menos que suceda en el ámbito religioso o eclesiástico; otros creen que, si dan lugar al Espíritu Santo, ¡su hogar se transformará en una iglesia las 24 horas del día! Si eres uno de los que piensa así, tenemos buenas noticias para ti.

Lo que queremos tratar hoy es la presencia del Espíritu Santo y su influencia en el hogar de una manera distinta. Somos conscientes de que cuando se habla del Espíritu Santo, por lo general, se lo asocia con las manifestaciones sobrenaturales que vemos en una congregación. Sin embargo, la Palabra de Dios nos muestra una relación directa entre la persona del Espíritu Santo y la vida en el hogar.

Si leemos Efesios 5:18 encontramos un poderoso pasaje que nos exhorta a ser llenos del Espíritu, pero si leemos unos versículos más adelante (v. 22 al v. 33) vemos que está hablando del matrimonio. El contexto confirma que se trata de la relación conyugal donde se debería experimentar la presencia del Espíritu Santo. Sin embargo, quizás por falta de instrucción, muchos han dejado la presencia del Espíritu Santo fuera del hogar.

Cuando nos referimos a la presencia del Espíritu Santo, estamos hablando del carácter o la personalidad de Dios. El Señor es una persona y, como tal, tiene un carácter, una personalidad.

Cuando recibimos a Cristo en el corazón, Dios nos adopta como hijos, y Él hace que la presencia de su Espíritu comience a habitar en nuestro interior para que, en un proceso, pueda producir su carácter en nosotros. Cuando el carácter de Cristo se forma en nosotros, la atmósfera del hogar cambia; donde antes había discusiones y crisis constantes ahora se percibe un clima de paz, armonía y comprensión, que afianza el vínculo matrimonial, fortalece las relaciones familiares y produce hijos emocionalmente sanos.

La Palabra de Dios nos muestra la personalidad o el carácter del Señor a través del “fruto del Espíritu Santo”. Lo podemos leer en Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto [o carácter] del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

Si deseamos tener una familia sana y fuerte, necesitamos experimentar la manifestación visible del carácter de Dios dentro de las paredes del hogar, y eso sucede gracias a la presencia del Espíritu Santo.

La presencia del Espíritu Santo en el hogar se manifiesta (cómo mínimo) de cuatro maneras prácticas:

  1. Amor. El amor de Dios manifestado en el hogar garantiza la fidelidad mutua, la valorización mutua, el respeto mutuo, el cuidado mutuo, donde no hay lugar en absoluto para la violencia física ni verbal. Es un amor mucho más profundo que el amor sentimental.
  2. Gozo. El gozo nos ayuda a ser personas que tienen alegría de vivir en vez de ser “almas en pena” que se arrastran por la vida. Es una fuerza que produce en nosotros contentamiento.
  3. Paz. La paz de Cristo en nosotros evita las discusiones y los desacuerdos, y transforma la atmósfera pesada de “pelea y agresividad constante” en un lugar de reposo, tranquilidad e incluso reconciliación cuando sea necesario.
  4. Paciencia. Este rasgo de la personalidad divina nos ayuda a soportar las debilidades y faltas de nuestro cónyuge. Nos recuerda que nadie es perfecto y que todos estamos en un proceso de perfeccionamiento. Aún no somos una obra terminada. ¡Paciencia! ¡Dios no ha terminado con nosotros!

La influencia del Espíritu Santo en el hogar produce estas cuatro manifestaciones visibles (amor, gozo, paz y paciencia).

La influencia del Espíritu Santo en el hogar nos ayuda a experimentar un poco de cielo en la tierra. ¡Y cuánto lo necesitamos en los días difíciles que vivimos! Lograr esto no es una utopía ni un mito religioso, sino una realidad absolutamente posible.

¿Quieres experimentar un poco de cielo en la tierra? Rinde tu vida al Señor y abre tu corazón a la maravillosa presencia del Espíritu Santo en tu hogar.

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

 

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