1. El orden para alcanzar la plenitud sexual:

  1. Poseer una identidad sexual definida desde el nacimiento, reforzada a través de los años por el amor sano de un padre y una madre que viven en armonía.
  2. Conocer a una persona del sexo opuesto y entablar una amistad.
  3. Enamorarse.
  4. Una relación de noviazgo bajo firmes parámetros de pureza sexual.
  5. Hacer un compromiso matrimonial.
  6. Casamiento y consagración del matrimonio a Dios.
  7. Inicio de la intimidad sexual entre los cónyuges y, a partir de allí, desarrollarse para experimentar una satisfacción sexual mutua.
  8. Embarazo.
  9. Llegada de los hijos.
  10. Crianza de los hijos.
  11. Una vida bajo la guía de Dios.

Actualmente, este orden está alterado y casi nadie lo respeta. Esta alteración da lugar a un abanico de problemas impensados como ser: embarazos no deseados; adolescentes-niñas, que son madres; enfermedades sexuales y SIDA… y, en consecuencia, mayor infelicidad.

  1. La escuela de la calle

Llamamos así a las creencias o pensamientos de la sociedad que se adoptan popularmente, pero que conducen a la infelicidad sexual, como por ejemplo:

a) Sexo las 24 horas, los 7 días de la semana

Es indudable que ninguna persona puede tener sexo todo el tiempo. Cuando el sexo pasa a ser una obsesión o una competencia “para ver quién tiene más relaciones sexuales”, difícilmente se pueda alcanzar la plenitud sexual. De aquí surgen las perversiones, los asaltos sexuales, las violaciones y todo acto de degradación de la mujer (y a veces del varón) como si fuera un simple objeto para poseer y luego desechar. De aquí surge también el consumo de fármacos o drogas para responder sexualmente todo el tiempo. La mayoría de quienes consumen estas drogas ni siquiera la necesitan; solo la consumen para medir su potencial sexual y “experimentar”.

b) El tamaño

El tamaño del miembro del varón es una de las fantasías más exageradas de la sociedad, que piensa que cuanto más grande sea éste, “más macho” es el hombre y más satisfacción brinda a su pareja. Está comprobado fisiológicamente que la forma física de los genitales del hombre y la mujer calzan perfectamente para el encuentro sexual. El tamaño no es indispensable ni determinante para obtener y dar mayor satisfacción sexual. Esta clase de creencias populares tiene un solo propósito: promover la comparación y los sentimientos de inferioridad.

c) La figura

Una cosa es cuidar la salud y el cuerpo y otra es caer presos de la cultura hedonista donde el cuerpo perfecto es la expresión máxima de la belleza. En los medios masivos nos saturan de siluetas bellas y esculturales, que frustran a la mayoría y hacen que la persona sienta vergüenza cuando se mira al espejo. Este inconformismo con la figura es una puerta abierta a la infelicidad sexual, porque la persona que se considera fea cree que no puede satisfacer a su cónyuge. La realidad indica que el varón se excita sexualmente por lo que ve; pero aquel que ama a su mujer, la ama tal como es aunque el paso de los años haya dejado huellas en su figura. Tener algunos kilos de más o no tener la silueta de la modelo de la tapa de revista, no es un impedimento para que la mujer disfrute de una placentera vida sexual con su cónyuge. El amor de pacto en el matrimonio trasciende la apariencia física.

d) El comportamiento en la cama

Una vez le preguntaron a una mujer cómo hacía para que su marido le sea fiel y dijo: “en la cama soy una prostituta”. Algunas mujeres especialistas en sexualidad aconsejan esto, pero en realidad es una forma muy degradante de ver la sexualidad. No es necesario ser una prostituta para satisfacer a nuestro esposo y experimentar felicidad sexual… ¡aunque la voz popular diga lo contrario!  Otros consumen productos “para rendir más sexualmente”, utilizan juguetes sexuales y/o ven películas pornográficas con su cónyuge “para mejorar” el momento sexual. La experiencia demuestra que todos esos agregados no hacen más que añadir infelicidad. El amor entre los cónyuges permite la libre expresión en el comportamiento sexual y con eso basta para satisfacerse mutuamente. Cuando nos alineamos con el Dios que creó el sexo no necesitamos aditivos que aumenten la experiencia.

e) Experiencia sexual previa

La experiencia previa puede ser buena para muchas áreas de la vida, pero para la faceta sexual puede ser contraproducente. Ya hemos hablado del valor de la virginidad.  Cuando una persona ha tenido experiencia sexual previa al matrimonio, esas imágenes están grabadas en su subconsciente. En la mayoría de los casos, eso conduce a hacer comparaciones en futuras relaciones. El marido le dice a su mujer: “fulana era mejor amante que tu” o la esposa le dice a su marido: “mengano era mucho menos egoísta que tú”. No es difícil imaginar lo que pueden desencadenar tales comparaciones en el momento de intimidad ¡Pueden apagar hasta al cónyuge más “encendido”! Lamentablemente, esto sucede muy a menudo en la alcoba.

La ventaja de conservarse puros hasta el matrimonio es poder disfrutar de la intimidad sexual con la misma persona, sin la posibilidad de hacer comparaciones con experiencias previas y en total aceptación del otro.

f) La frecuencia

Algunos cónyuges creen, inocentemente, que cuantas más relaciones sexuales tengan, mejor es su vida sexual. Muchos preguntan: “¿Cuántas veces por semana es normal tener relaciones sexuales?”.  Esta pregunta solo tiene una respuesta: “Depende de cada matrimonio”. Cada pareja tiene que encontrar su propio ritmo, ya que la frecuencia sexual depende de muchos factores. Sin embargo, es sano que haya una regularidad en la actividad sexual entre los cónyuges como leemos en 1 Corintios 7:5: “No se nieguen el uno al otro, a menos que sea de acuerdo mutuo por algún tiempo, para que se dediquen a la oración y vuelvan a unirse en uno, para que no los tiente Satanás a causa de su incontinencia”.

En conclusión:

La satisfacción sexual no solo es posible, sino también muy necesaria para tener un matrimonio feliz y duradero. Por lo tanto, es de vital importancia que decidas tener en cuenta los principios de Dios que hemos visto.

Si esta ha sido tu decisión, contarás con la bendición del Creador del sexo y podrás disfrutar de una intimidad sexual rica y satisfactoria con tu cónyuge. Si tienes problemas o no estás satisfecho/a con tu vida sexual, no te quedes pasivo/a. Deja la vergüenza de lado y busca ayuda pastoral personalizada en una iglesia cristiana bíblica de tu ciudad. Además, lee libros cristianos que aborden este tema con seriedad y no te olvides de un ingrediente fundamental: orar con tu cónyuge para que Dios les ayude a alcanzar lo que Él destinó para cada uno de sus hijos: ¡la felicidad sexual!

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

 

 

 

 

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