El principio de año marca el comienzo de un nuevo tiempo para nuestra vida aquí en la tierra. Dios mismo estableció el movimiento de traslación de la tierra alrededor del sol, en el cual invierte 365 días y 6 horas. Lo podemos leer en Génesis: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche” (8:22).

“¡Cómo pasa el tiempo!”. Una frase que repetimos a menudo cuando vemos que pasan los días, los meses, el verano, el invierno, la vida misma. Sin embargo, en nuestra vida espiritual también hay tiempos nuevos. Por eso es estratégico el comienzo de año para evaluarnos, meditar en lo que pasó, enmendar todo error, olvidar lo que queda atrás y empezar de nuevo.

Cuando hacemos estas evaluaciones de nuestra vida, el saldo no siempre es positivo. Muchas veces vivimos situaciones difíciles y dolorosas, momentos vergonzosos, fracasos, pérdidas, contratiempos y todo tipo de adversidad que nos frenan el avance hacia el nuevo tiempo que Dios tiene para nosotros.

Sin embargo, fíjate qué interesante: José, hijo de Jacob de la tribu de Israel, puso por nombre Manasés a su primer hijo, un nombre que significa “olvidé mi pasado”. Y luego tuvo otro hijo y le puso Efraín, que significa “Dios me hizo fructificar, prosperar”. Esto nos muestra que si queremos seguir adelante debemos olvidar nuestro pasado, dejar atrás todo lo que vivimos y avanzar hacia el destino que Dios ha trazado para nuestra vida.

Sea lo que sea que hayamos vivido, en el Señor podemos decir que todo lo que nos ha sucedido es para nuestro bien como leemos en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Pudimos haber caído, pero podemos volvernos a levantar. Pudimos haber fracasado en cualquier área de nuestra vida, pero con Dios siempre tenemos una segunda oportunidad. Tal vez seguimos esperando una promesa de Dios que no se ha cumplido en nosotros o un sueño que parece inalcanzable, pero eso nos ha hecho crecer en nuestra fe. Perseverar en las pruebas y sobreponernos a la adversidad nos transforma en personas fuertes y maduras con una gran resiliencia que otros admiran.

Todo esto es motivo para encarar este año con una sensación de victoria, porque Dios no malgasta ninguna de nuestras experiencias, sean buenas o malas. Dios es Dios y Él usa todo lo que nos acontece para forjar en nosotros el carácter necesario para ser instrumentos útiles para su Reino.

Sea cual sea el balance de lo que has vivido, Dios tiene cosas nuevas para tu vida: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

Podemos afirmar que la pandemia del COVID-19 que sacude al mundo desde 2020 también redundará para el bien de aquellos que han sabido aprovechar este tiempo de aislamiento fortaleciendo el vínculo matrimonial y los lazos familiares, y han aprendido a valorar cosas que antes se daban por sentado.

El enemigo quiso atarnos en el temor ante un futuro incierto, pero el Señor nos llama a la libertad de su paz y a entrar en un nuevo tiempo.

“Pues bien, fíjense ustedes en que a partir de hoy no faltará el grano en el granero. Aún no ha dado fruto la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el olivo; pero a partir de hoy, yo los bendeciré” (Hageo 2:19, dhh).

Dios te bendiga.

Rosa Pugliese

 

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