Si existe un anhelo generalizado entre las parejas que contraen matrimonio, sin duda es el de tener un matrimonio feliz y duradero. Sin embargo, las estadísticas revelan que las rupturas matrimoniales y los divorcios van en aumento, y la experiencia de muchos que siguen viviendo bajo el mismo techo dista mucho de ser la del matrimonio feliz que tanto imaginaron.

Es probable que pienses que tu matrimonio es un fracaso o que como cónyuge has fracasado; pero tenemos buenas noticias para ti hoy: ¡Dios quiere transformar tu experiencia matrimonial! Él quiere que disfrutes del matrimonio que Él ha diseñado desde la misma creación del mundo.

No obstante, para ello hay algunas recomendaciones que queremos darte para que pases del lado de los fracasados al de aquellos que están bien casados:

1. Reflexiona sobre tus errores
Debes saber que cuando hay problemas en una relación matrimonial, por lo general, existe un 50% de responsabilidad de cada cónyuge. No siempre la culpa la tiene “el otro”. Una persona madura y dispuesta a cambiar piensa primero en corregir sus propios errores antes de señalar los errores de su cónyuge con un espíritu de superioridad.

Reflexión: ¿Cuáles han sido mis errores que han llevado a mi relación matrimonial al fracaso?
“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos” (Salmos 19:12).

2. Confía en la gracia y misericordia de Dios
Muchas veces reconocemos nuestros errores, pero no los confesamos al Señor para que Él nos perdone y nos haga libres. Entonces cargamos con nuestras culpas y vivimos bajo un espíritu de condenación que nos abruma. Si has cometido errores y te has arrepentido de corazón, Dios no solo te ha perdonado, sino que también te da una nueva oportunidad.

Reflexión: ¿Vivo con culpa por mis errores o ya me he arrepentido y los he confesado al Señor?
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

3. Ordena tus prioridades
Muchos matrimonios fracasan porque no tienen en orden sus prioridades. A menudo la vida nos arrastra hacia la búsqueda desesperada del bienestar económico, que muchas veces se transforma en una trampa para la relación conyugal. En todo aspecto de la vida, debemos poner “primero lo primero”. Cuando no damos a Dios el primer lugar en nuestra vida, todo se confunde y la relación conyugal sufre las consecuencias.

Reflexión: ¿Ocupa el Señor el primer lugar en mi vida?
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

4. Determínate a superar las dificultades
Hoy día muchas parejas se separan ante la primera dificultad. Sin embargo, los obstáculos no son excusas para romper una relación matrimonial y deshacer una familia. Todo lo contrario, los obstáculos son retos que nos impulsan a hacer un cambio de rumbo. Si miramos a nuestro alrededor, veremos que las personas más amables, comprensivas y pacientes son aquellas que han superado grandes dificultades, y son las mismas que cada día están más predispuestas a afrontar con determinación cualquier problema hasta resolverlo. No armarnos de este pensamiento con ánimo y fe es el principio de nuestro fracaso matrimonial.

Reflexión: ¿Me rindo fácilmente? ¿Tengo el ánimo y la fe necesarios para superar las dificultades?
“Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho” (Mateo 21:21).

5. Capacítate para ser mejor
Pretender que nuestro matrimonio sea feliz y duradero, porque un ministro nos dio la bendición en el altar el día de nuestra boda, es como pretender conducir nuestro auto sin cargar el tanque de gasolina cada vez que se vacía. La bendición de Dios es indispensable, pero no nos exime de aprender a ser mejores cónyuges. Para ello necesitamos líderes o mentores espirituales que nos guíen y nos capaciten. Gracias a Dios, hoy día existen cursos para matrimonios y libros sobre principios familiares cristianos que pueden brindarnos excelentes herramientas para la vida matrimonial.

Reflexión: ¿Tengo mentores o líderes espirituales? ¿He tomado algún curso de capacitación para ser mejor cónyuge?
“… arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados” (Colosenses 2:7).

Es posible salir del lado del fracaso matrimonial. Para ello, necesitamos replantear, evaluar y corregir aspectos de nuestra vida. No estamos solos. Nuestro socorro viene del Señor.

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del SEÑOR, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que resbale tu pie ni se adormecerá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. El SEÑOR es tu protector; el SEÑOR es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te herirá de día ni la luna de noche. El SEÑOR te guardará de todo mal; él guardará tu vida. El SEÑOR guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmos 121, RVA-2015).

¡No te rindas y haz tu parte, porque tu destino es estar del lado de aquellos que están bien casados!

Dios te bendiga.
Ritchie y Rosa Pugliese

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