Debemos reconocer que para muchos cristianos el sexo todavía sigue siendo un tema “tabú”. Lamentablemente, la falsa idea de considerar el sexo como “algo malo, pecaminoso incluso prohibido” ha dado lugar a una generación de cristianos desdichados y frustrados en esta faceta tan importante para la felicidad matrimonial.

Por lo general, los cristianos sienten vergüenza y pudor a la hora de hablar de sexo e incluso del erotismo en la vida matrimonial. El diccionario de la Real Academia Española define el erotismo como “carácter de lo que excita el amor sexual”. ¿Has pensado alguna vez que el “amor” está implícito en la relación sexual? Lamentablemente, vemos que el diablo se ha encargado de desvirtuar su significado y manchar lo que Dios ha creado como algo lícito y puro dentro del matrimonio.

La Biblia señala que cuando Dios creó al hombre y a la mujer “… estaban ambos desnudos y no se avergonzaban” (Génesis 2:22 y 25). Cabe preguntarse por qué Dios quiso dejar registrado en su Palabra que Adán y Eva estaban desnudos y “no se avergonzaban”. Evidentemente, había libertad entre ellos y disfrutaban de su sexualidad sin vergüenza ni culpabilidad.

Sin embargo, después apareció la serpiente maligna en acción y todos sabemos cómo siguió la historia. Entró el pecado a la raza humana y la desobediencia del hombre hizo que fueran abiertos sus ojos y supieran que estaban desnudos. Lamentamos decepcionar a quienes creen que el pecado al que hace referencia la Biblia en el Edén es la “manzana prohibida” o la relación sexual entre Adán y Eva. El pecado de Adán y Eva fue la desobediencia a Dios, porque Dios había ordenado al hombre: “‘De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás'” (Génesis 2:15–17). Cuando Adán y Eva cayeron en la tentación y comieron de ese árbol, tuvieron miedo y verguenza. Por ello, cuando Dios llamó al hombre, Adán le respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:10). De modo que estamos en condiciones de afirmar que la vergüenza y el pudor vinieron después de la caída, no antes.

Dios, el creador del sexo, estableció “… dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24 énfasis añadido). Dios bendice la unión matrimonial, no sólo en el altar sino en “la alcoba”. Una clara evidencia de esto es el Cantar de los Cantares, donde Salomón escribió este poema lírico, que resalta las virtudes del amor y la relación sexual entre un esposo (el rey) y su esposa (la sulamita). Si consideramos la inclusión de este libro en el canon bíblico, como un libro inspirado por Dios, podemos afirmar también, sin temor a equivocarnos, que la sexualidad en el matrimonio son bíblicos.

Para despejar la confusión que abunda en la sociedad, la iglesia debe hablar de sexo desde un punto de vista bíblico y constructivo, que descarte toda la morbosidad con la que el mundo se refiere a él. Asimismo, es necesario que los cónyuges hablen más de este tema para poder conocer y entender la sexualidad del otro, a fin de satisfacerse y disfrutar mutuamente de este regalo divino.

Cuando el hombre y la mujer no logran disfrutar de una sana intimidad sexual, surgen divisiones e inseguridades entre ellos, que el diablo sabe aprovechar muy bien.  Sin embargo, en el Cantar de los Cantares, el esposo y la esposa están confiados y seguros de su amor. Ansían estar juntos y disfrutar de las virtudes de la relación sexual sin vergüenza ni pudor.

No dejemos la sexualidad en manos del mundo sin Cristo. Rescatemos el sexo como creación de Dios para disfrutar dentro del matrimonio. Adueñémonos de lo que nos pertenece como cristianos. El sexo es un regalo de Dios para el ser humano. Una dádiva del Creador para su criatura.

Y no olvidemos que la buena comunicación en todas las áreas, incluida la sexual, es un ingrediente indispensable para la felicidad matrimonial.

“He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas.  He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores” (Cantares 1:15-16).

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

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