Una de las realidades más impactantes en estos tiempos de cuarentena, es ver que muchos matrimonios no soportaron la presión de la convivencia continua, las 24 horas del día, sumado a la falta de ingresos y la consecuente debacle financiera, y han optado por el divorcio.

La voluntad de Dios para el matrimonio es  una convivencia en amor, paz y armonía para toda la vida; pero la realidad nos muestra que hay enemigos que atentan contra la voluntad de Dios y la felicidad matrimonial.

En nuestra práctica como mediadores y conciliadores matrimoniales, hemos notado una secuencia recurrente que, si no se detecta a tiempo, conduce al divorcio; y se ha agravado más en estos tiempos de distanciamiento social y confinamiento en el hogar debido a la pandemia que está azotando al mundo:

1. DESILUSIÓN: Después de un tiempo de convivencia, cuando la luna de miel se termina y empieza el trabajo y el ajetreo de la vida cotidiana, la mujer descubre que su marido no es el príncipe azul que tanto soñó, y el hombre descubre que su esposa no es la mujer perfecta que tanto esperó. Los cónyuges toman consciencia de que están casados con una persona de carne y hueso con defectos. (¡Como si ellos fueran perfectos!).

2. RECRIMINACIÓN: La desilusión comienza a debilitar la relación. Empiezan las discusiones por cualquier motivo y, en medio del intercambio de palabras y las discusiones acaloradas, los cónyuges se dicen cosas de modo irreflexivo como: “¡No sé cómo pude casarme contigo!”,  “¡Maldigo la hora que me enamoré de ti!”, etcétera. Expresiones como éstas son flechas venenosas, que penetran muy hondo y destruyen el amor que decían tenerse.

3. CONFLICTOS NO RESUELTOS: Las discusiones son comunes y habituales en cualquier convivencia. Muchas veces, es saludable discutir los problemas y malentendidos y buscar una solución; siempre y cuando se haga con respeto y buena predisposición. Sin embargo, cuando no hay un reconocimiento mutuo de las fallas y los errores, se guarda rencor en el corazón y se levanta un muro de división sentimental y emocional entre los cónyuges.

4. FALTA DE RESPETO: Aquí se traspasan los límites mencionados anteriormente. La falta de respeto acompañada de palabras agresivas e hirientes lastiman y resienten la relación. En los casos más graves, la falta de respeto puede conducir al maltrato físico, y en esos casos es imposible seguir adelante con la relación matrimonial sin la ayuda de terceros, ya sea que se trate de consejeros espirituales o incluso de las autoridades civiles. Para no llegar a este doloroso extremo, todo cónyuge sabio obrará conforme a la Palabra, que enseña: “la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33) y “de igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto” (1. Pedro 3:7).

5. INCOMUNICACIÓN: En este punto, todavía viven juntos, pero ya están separados emocional y sentimentalmente. Los cónyuges han perdido el diálogo, sólo hablan para discutir. Siempre enseñamos a las parejas que buscan consejo, que no es malo disentir, pensar distinto o no estar de acuerdo en algo. El secreto es “disentir en amor”. ¿Parece una contradicción, verdad? Sin embargo, es posible, cuando Jesús es el centro de nuestra vida y todo lo que hacemos, decimos y pensamos fluye de su bendita presencia en nosotros.

6. DESINTERÉS: A estas alturas, los cónyuges han perdido el interés el uno por el otro.  Cada uno vive por su lado. Tal vez todavía duermen juntos, pero hay una enorme división entre ellos. Aquí se ve al egocentrismo en su más alta expresión debido a que cada uno piensa sólo en su propia vida, en sus propios intereses, incluso en su propio sufrimiento.

7. MENOSPRECIO: Si todavía no lo han hecho, empiezan a comparar al cónyuge con otros (por lo general, más jóvenes, más bellos, más ricos, más famosos), y llegan a la conclusión de que el hombre o la mujer que tienen a su lado no está a la altura de sus expectativas. Finalmente, descubren que “afuera” hay oportunidades de tener relación con otras parejas que superan sus expectativas… al menos, a simple vista.

8. RECHAZO: Ya empezaron a aceptar la idea de que quizás lo que necesiten es otro hombre u otra mujer. Entonces toman la determinación de buscar alguien que sí satisfaga sus expectativas y necesidades egoístas. Ahora empiezan a alejarse física, mental y emocionalmente del cónyuge. Ya no lo quieren ni ver. Sienten un verdadero rechazo.

9. ADULTERIO: Cuando han caído en una relación ilícita, muchas veces, si hay hijos de por medio, los cónyuges siguen juntos “por el bien de los hijos”, aunque todos sabemos que así no se les hace ningún bien. Muchos tienen vergüenza de publicar su fracaso matrimonial y tratan de disimular y cubrir las apariencias; pero por dentro, viven un verdadero infierno. Otros rompen el vínculo conyugal incluso el vínculo con sus hijos. O peor aún, toman a los hijos como botín de guerra, y ya sabemos cómo sigue la historia.

10. DIVORCIO: Finalmente, los cónyuges deciden hacer público que su relación conyugal está disuelta y que iniciarán los trámites legales correspondientes para dar terminada su relación. Sin duda, es un momento muy doloroso, que se agrava cuando hay hijos y se deben dividir los bienes.

Esto sucede en muchos hogares de nuestra sociedad. Rupturas matrimoniales, divisiones conyugales y familiares. Hijos separados del padre e incluso de la madre. Familias destruidas. Lamentablemente, las artimañas del diablo dan resultado una y otra vez. Lo que comienza como una simple desilusión o un conflicto no resuelto, puede terminan en el mismo divorcio si los cónyuges no prestan atención a las señales de advertencia de la Palabra de Dios.

La buena noticia es que no importa en qué punto de esta secuencia destructiva te encuentres. La historia se puede revertir gracias a Aquél que tiene poder para resucitar a los muertos: Dios, el Creador.

El primer paso para la restauración matrimonial es volver a la Fuente: Jesucristo. Pedir consejo a líderes espirituales. Buscar ayuda de oración. E invitar a la presencia del Espíritu Santo a tu vida, porque Él es el que convence de pecado, el que te muestra qué está mal en ti, el que te señala el camino hacia la bendición.

Que tu oración sea hoy:

Señor Jesús, reconozco que mi matrimonio va rumbo a la destrucción. Te doy gracias por abrirme los ojos y darme cuenta de que necesito hacer algo para que las cosas no empeoren. Dame la fuerza y el valor para buscar ayuda responsable antes que sea tarde. En este momento, te entrego mi matrimonio y lo consagro para que la presencia de tu Espíritu Santo haga la obra de restauración que necesitamos. ¡Ayúdanos Señor!

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

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