Frente a la pandemia del coronavirus (COVID-19), uno de los medios más efectivos para evitar la propagación de este mal ha sido el aislamiento o, literalmente, estar “encerrados” en nuestro lugar de residencia.

El aislamiento está dando muestras de ser una estrategia positiva en lo que respecta a la protección y la seguridad social, pero las noticias dan cuenta de que este tiempo de encierro para muchos está siendo muy difícil y, en muchos casos, devastador. Naturalmente, es un tiempo donde predomina el aburrimiento, la depresión, los ataques de ansiedad, las fobias y el temor frente a un futuro incierto y desolador. Además, más tiempo de convivencia en el hogar está dando lugar a arrebatos de ira y enojo que, en muchos casos, están terminando en la separación del vínculo matrimonial (lamentablemente, ya tenemos testimonios de este resultado).

Sin dudas, este tiempo de aislamiento y encierro es una verdadera pesadilla. Sin embargo, para los que estamos en Cristo Jesús, puede ser un tiempo de provecho espiritual y bendición.

En estos días, al leer la Palabra de Dios, el Espíritu Santo me llevó a recorrer algunos sucesos bíblicos que tuvieron lugar en el “encierro”. Allí encontré muchos tiempos de encierro voluntarios e involuntarios. Diferentes unos de otros, pero en cada uno de ellos, Dios gestó algo poderoso para beneficio del hombre y para la gloria de Dios.

  1. ENCIERRO INVOLUNTARIO

El tiempo de encierro de José en una cárcel de Egipto (Génesis 39:20; 41:1), después que sus hermanos lo vendieran como esclavo, fue como un horno de fuego que forjó el carácter de José para que posteriormente fuera promovido y colocado en una posición de autoridad para que pudiera gobernar con firmeza y rectitud.

El tiempo de encierro de David en la cueva (1 Samuel 22:1), en donde se recluyó para refugiarse de las amenazas de muerte del rey Saúl, fue un tiempo fructífero, que desarrolló en David un carácter sólido y misericordioso, indispensable para cuando estuviera en autoridad y fuera rey.

El tiempo de encierro de Daniel en el foso de los leones (Daniel 6), donde lo echaron por seguir orando a Dios a pesar del edicto del rey Nabucodonosor que prohibía adorar a otros dioses que no fueran los de Babilonia, sirvió para manifestar la protección de Dios sobre Daniel y exaltarse como el único Dios digno de adorar ante quien los leones rugientes (figuras del enemigo) se postraron vencidos.

El tiempo de encierro de Elías en la cueva (1 Reyes 19:9-12), adonde fue para refugiarse y descansar de la persecución de la malvada reina Jezabel, fue un tiempo para aprender a escuchar la voz de Dios en el “silbo apacible y delicado”.

El tiempo de encierro de Jonás en el vientre del gran pez (Jonás 1:17), que se lo tragó después que lo lanzaran al agua del barco en el que huía del mandato de Dios de ir a predicar a Nínive, fue un tiempo de arrepentimiento y humillación, que lo preparó para que finalmente fuera a predicar el evangelio a Nínive y muchos escucharan el mensaje de salvación.

El tiempo de encierro de Pablo y Silas en la cárcel (Hechos 16:23-26) por predicar la Palabra de Dios, fue un tiempo donde pudieron alabar a Dios con gozo en medio de la terrible situación que estaban viviendo, y eso produjo un terremoto que abrió todas las puertas de la cárcel para que fueran libres; un hecho que redundó en la conversión del mismo carcelero, que fue testigo de semejante milagro, y luego la conversión de su familia y otros que escucharon su testimonio.

El tiempo de encierro de Pedro en la cárcel (Hechos 12:5-17), donde lo encerraron por ser un seguidor de Cristo, fue el lugar donde Pedro mantuvo su fe y Dios, que escuchó el clamor de los cristianos que oraban por él, envió un ángel para que lo librara de la mano de Herodes y el nombre de Jesucristo fuera engrandecido.

El tiempo de encierro del apóstol Juan en la Isla de Patmos (Apocalipsis 1:9-10), “por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”, fue un tiempo de gran revelación para la Iglesia de Cristo, donde el Espíritu Santo le mostró las cosas que eran y habrían de suceder.

  1. ENCIERRO VOLUNTARIO:

El tiempo diario a solas con Dios en el lugar secreto, como Jesús mismo mandó: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto” (Mateo 6:6), es un tiempo para buscar a Dios con la promesa de que “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

El tiempo de reunión privada en el aposento alto fue para los 120 allí reunidos un lugar de espera, búsqueda de Dios y gran expectativa, que dio lugar a un gran derramamiento del Espíritu Santo (Hechos 1:13-15).

Estos personajes bíblicos atravesaron un tiempo de encierro voluntario o involuntario. La mayoría de ellos en lugares sucios, deleznables y atemorizantes. A pesar de la situación negativa y desesperante que atravesaron muchos, Dios no permitió que ese tiempo de encierro acabara con sus vidas; sino que lo usó para “gestar” un plan de bendición para cada uno de ellos, que glorificara su nombre y lo exaltara como el único Dios vivo y verdadero.

¿Cómo estamos atravesando nosotros este tiempo de encierro? ¿Cómo saldremos de este tiempo de encierro?

No sé tú, pero yo estoy seguro de que, si en este tiempo de encierro buscamos a Dios y tenemos puesta nuestra fe y confianza en Él, Dios hará que todo redunde para bien como lo hizo en el pasado, ¡porque nuestro Dios es el mismo hoy, ayer y siempre (Hebreos 13:8)!

¡El tiempo de encierro, para los que amamos a Dios, es un tiempo de gestación!

 

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