¿Es nuestro hogar un remanso de paz? ¿Es un lugar donde podemos descansar y recobrar fuerzas para enfrentar las presiones de la vida diaria? ¿O llegamos a nuestro hogar y nos encontramos con un cónyuge negativo, malhumorado, quejoso, rezongón y peleador?

No hay nadie en el mundo que no necesite recibir palabras de aliento y motivación, y ser aceptado tal como es a pesar de sus errores. Por ello, como hombres y mujeres cristianos, debemos ser “portadores de paz”, no solo en un mundo sin Cristo, sino también en nuestro hogar.

Si hay un lugar donde necesitamos que reine la paz y la armonía es precisamente en nuestro hogar, en la relación con nuestro cónyuge y nuestros hijos. Sin embargo, eso solo es posible si tenemos paz con Dios, y Él ocupa el centro de nuestra vida. Cuando eso sucede, la presencia del Espíritu Santo hace una obra de transformación en nosotros y en el ambiente que nos rodea. 

Vivamos en paz con Dios, porque solo así tendremos paz con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Pongamos a Cristo en el centro de nuestra vida y nuestro hogar. Vivamos en obediencia a sus principios. Seamos fieles a su voluntad. Y busquemos cada día su presencia para ser “transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Porque Jesús dijo: “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo” (Juan 14:27, RVC).

¡Jesús es nuestra paz! ¡Qué reine la paz y la armonía en nuestro hogar!

Ritchie y Rosa Pugliese

CategoryArtículos, Familia
Write a comment:

Your email address will not be published.

Follow us: