Por Ritchie y Rosa Pugliese

Hacia una sana sexualidad matrimonial

En Génesis 2:25 leemos: “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. Para que nos imaginemos la escena, estamos en el tiempo de la creación. Después de crear todas las cosas, Dios formó al hombre del polvo de la tierra y luego formó a la mujer de una de las costillas del hombre. Después estableció que se unieran y fueran “una sola carne” (Génesis 2:24) en lo que se conoce como la institución del matrimonio.

Volvamos a “estaban ambos desnudos…y no se avergonzaban”… Encontramos en esta frase, que Dios aprobaba la vida íntima sexual. Dios no creó la relación sexual solo para la procreación, sino también para el placer y la unión conyugal.

Si los cónyuges no disfrutan de una vida sexual sana y gratificante en su relación matrimonial, eso puede dar lugar a divisiones, conflictos e incluso la separación del matrimonio. Cuando uno o ambos cónyuges no logran descubrir los secretos de una vida sexual sana y gratificante, la intimidad sexual puede llegar a convertirse en un verdadero conflicto.

Al hablar con algunos hijos de padres con problemas sexuales, nos comentaban: “En la noche, la puerta del dormitorio estaba cerrada, pero podíamos escuchar que discutían por el sexo, y eso nos torturaba”. Es lamentable que el dormitorio se transforme en un campo de batalla cuando en realidad debería ser un lugar de paz, regocijo y deleite.

Para evitar esta y otras consecuencias, veamos brevemente ciertos mitos que existen sobre la vida sexual, aún dentro de los círculos cristianos, que debemos desechar si queremos experimentar una sana sexualidad en el matrimonio:

Mito Nº 1: La figura
Existe lo que llamomos “la escuela de la calle”, que pretende mostrar el modelo para una buena sexualidad. Cabe destacar que ese modelo está fundado en la bajeza humana y no en los principios divinos. La buena figura, ya sea musculosa en el varón o voluptuosa en la mujer, no garantiza en absoluto una “mejor vida sexual”.

Además, el problema que surge del modelo del mundo es que cuando la mujer con algunos kilos de más, cierta adiposidad o falta de senos o gluteos prominentes se mira al espejo, automáticamente, se compara con ese “modelo”. Eso destruye su autoestima y pone en ella pensamientos engañosos. Entonces comienza a pensar que no es atractiva para su esposo (o para el parámetro de la sociedad, lo cual es peor) y que es imposible que en ese estado pueda disfrutar de una buena sexualidad con su esposo. ¡Una mentira del enemigo!

Mito Nº 2: La edad
Generalmente, se asocia la vitalidad sexual con los años de juventud, y se descarta la idea de goce sexual en aquellos que “peinan canas”. Hasta nos parece vergonzoso pensar que las personas de edad todavía disfrutan de su sexualidad. El sexo no tiene edad, y forma parte de toda vida conyugal saludable. Existen muchas mujeres piadosas que se quejan de sus maridos, porque “a su edad” todavía quieren seguir teniendo relaciones sexuales. Otras consideran que ya no tienen “edad” para satisfacer sexualmente a su marido, y se anulan sexualmente. Otras consideran que su marido “ya es viejo para eso”, y esa falsa idea puede dar lugar a que ese hombre vaya a buscar afuera lo que debería encontrar en su casa y con su esposa.

Mito Nº 3: El tamaño
La escuela de la calle o “pornografía” ha corrompido la mente de las personas al mostrar imágenes de hombres con miembros viriles grandes y mujeres con senos y glúteos prominentes, como parámetro de un hombre “macho o viril” y una mujer “fogoza o apasionada”. Dios ha diseñado a cada uno con una figura única y características distintivas, de tal manera que cada hombre y cada mujer pueda ser sexualmente feliz en su relación conyugal. Es necesario que extirpemos de nuestra mente lo que la escuela de la calle nos quiere inculcar, porque la meta del enemigo es hacernos caer en comparaciones y sentimientos de inferioridad y, asimismo, poner en nosotros la necesidad de buscar experiencias sexuales extramatrimoniales con el modelo de hombre y mujer que nos muestra el mundo. ¡Ni hablar del aumento de cirugías de aumento de senos y gluteos en las mujeres!

Mito Nº 4: La experiencia previa
Las cosas han cambiado mucho en este mundo. Antes un joven conocía a una muchacha y primero se hacían amigos. Luego se gustaban y comenzaban una relación de noviazgo en un marco de pureza y respeto sexual. Más adelante se comprometían, luego se casaban y recién allí comenzaban a practicar la vida sexual. ¡Hoy se comienza directamente por la práctica sexual, y se considera que es bueno y necesario “para ver si la relación funciona”! En 1960, solo el 10% de las parejas convivía antes de casarse. En la actualidad, el 60% de las parejas convive antes de contraer matrimonio. Y no solo vemos este alarmante aumento en el porcentaje de convivencia antes del matrimonio, sino que la sociedad incluso se burla de aquellos que no tienen relaciones sexuales antes de casarse.

Sin embargo, investigaciones muestran que el índice de divorcios es superior en aquellos que conviven antes de contraer matrimonio (Shervert H. Frazier, Psychotrends, Nueva York: Simon & Schuster, 1994, p. 106). Entonces, nos preguntamos por qué. ¿Si ya probaron si su vida sexual funcionaba, por qué se siguen divorciando? Porque la sabiduría de Dios es perfecta. Él estableció que la unión matrimonial sea duradera, así como la intimidad sexual. ¿Cómo puede una relación matrimonial perdurar cuando no hay un compromiso y cualquiera de los dos podría irse y abandonar la relación ante el más mínimo incidente?

Además la experiencia sexual previa con otras parejas deja profundas huellas en las personas para toda la vida a menos que Cristo intervenga  y borre las imágenes vistas y las sensaciones vividas, que en gran medida son causantes de problemas entre los cónyuges. Muchos hombres insatisfechos le dicen enojados a su esposa: “Con ella era diferente. Ella sí me hacía disfrutar”. O las mujeres le dicen despechadas a su marido: “Él era menos egoísta que tú”. Todos sabemos que las comparaciones son negativas. ¡Mucho más en este aspecto de la vida!

Lo que este mundo enseña no ayuda en absoluto a la verdadera satisfacción sexual, sino ¡mira a tu alrededor y observa cuántas personas frustradas hay! ¡Volvamos a los principios bíblicos! Como matrimonios cristianos hemos sido llamados a disfrutar de cada faceta de la vida conyugal, incluso de la sexual, como el Señor la diseñó. Eliminemos de nuestra mente los mitos que pretenden desviarnos del plan divino… ¡y disfrutemos de este regalo de Dios!

 

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