Uno de los principales instrumentos que utiliza Satanás para atacar sexualmente a la humanidad en general, y por cierto a los creyentes en Cristo, es la pornografía.

La palabra “pornografía” proviene de dos palabras griegas. 1) “porné” que originalmente significaba “prostituta”, y se traduce “ramera” en el Nuevo Testamento. Si bien este término hacía referencia a las mujeres prostitutas, también se aplicaba a los varones. 2) “grafé” que quiere decir “imagen, pintura o escritura” y comprende toda clase de símbolos físicos que produce excitación sexual al que lo mira.

La pornografía no es inofensiva como muchos creen. En cambio, incita a la imaginación a cometer adulterio mental, produce deseos contrarios al diseño original de Dios, aviva las pasiones más bajas y provoca una excitación sexual licenciosa. Es una “distracción”, que involucra la mente, la imaginación y la fantasía y conduce a la lujuria mental, que el Señor Jesús condenó en Mateo 5:27-29. La pornografía está enfocada exclusivamente en el aspecto físico. No hay lugar en ella para los sentimientos ni el amor genuino. Además promueve la masturbación, que es parte de la mentalidad egoísta que predomina en la sociedad.

Su efecto es devastador tanto para el hombre como para la mujer. Sin embargo, el hombre que mira pornografía termina por tener un concepto equivocado de la mujer y del lugar que ocupa el sexo en la relación conyugal, ya que convierte mentalmente a la mujer en un objeto para saciar sus pasiones, no como la mujer que Dios ha creado para que juntos disfruten de la unión sexual.

Además tiene un efecto psicológico en los hombres que tienden a ser más agresivos hacia las mujeres. Investigaciones han encontrado que la pornografía puede conducir al uso de la coerción o la violación a mujeres e incluso a niños en general. Se ha descubierto que todos los violadores seriales comenzaron mirando pornografía en su forma más simple, hasta que eso ya no les alcanzó y necesitaron otras formas más pervertidas y drásticas de satisfacer su apetito sexual descontrolado.

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16).

1. Con el paso del tiempo, la pornografía ha cambiado para peor

Aquellos que han practicado este tipo de vicios, cuentan que hasta no hace mucho tiempo lo único que se veía en alguna revista “prohibida” eran mujeres algo desvestidas. En cambio hoy se pueden ver no solo desnudos totales, sino también imágenes de hombres y mujeres en actos sexuales unos con otros: hombres con mujeres, hombre con hombres, mujeres con mujeres, sexo grupal donde parte del disfrute implica el masoquismo, etc. ¡La degradación ha llegado a tal punto de mostrar a adultos en actos sexuales con niños y hasta con animales!

2. La pornografía produce adicción

Cuando el hombre (o la mujer) cede a sus apetitos sexuales descontrolados y comienza a ver imágenes de sexo explícito tanto en películas como en Internet, quiere ver cada vez más. Es un apetito sin fin, similar al consumo del alcohol y las drogas, que produce una adicción y una fortaleza del diablo en la persona.

3. La pornografía degrada al ser humano, especialmente a la mujer

Mostrar mujeres desnudas como si fueran simples objetos constituye un repugnante ataque contra la dignidad femenina. Sin embargo, Jesucristo dignificó a la mujer en su rol y condición. “Ustedes, maridos, de la misma manera vivan con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que las oraciones de ustedes no sean estorbadas” (1 Pedro 3:7).

El material pornográfico presenta a las mujeres de una manera que atenta contra su misma naturaleza. Se las exhibe con un apetito insaciable de sexo, que es absolutamente irreal. El varón que ve tales imágenes pervertidas de las mujeres, puede caer en el error de creer que están siempre disponibles para tener sexo. Por eso cuando la mujer se niega, el hombre puede deducir equivocadamente que ella quiere que la tome por la fuerza.

4. La pornografía tiene el potencial de destruir la vida matrimonial

Algunas parejas acostumbran a mirar películas pornográficas para “avivar” su vida íntima sexual. Al principio puede resultar excitante, pero su resultado final no es el mejor. Llega el momento cuando eso ya no les alcanza para lograr la excitación deseada y necesitan cada vez más.

Dios creó el sexo para el matrimonio, en el marco de una relación íntima, donde siempre esté presente el respeto mutuo, la comunicación y el amor. Solo cuando se cultivan estos valores en la relación conyugal, la atracción sexual se aviva y termina siendo de bendición para ambos.

5. La pornografía es devastadora también para los niños y adolescentes

Cuando los adolescentes e incluso los niños acceden a ver pornografía, obtienen información pervertida y equivocada de lo que es la verdadera sexualidad.

Si la pornografía tiene la capacidad de destruir a un adulto, imagina lo que puede provocar en los niños y adolescentes como nuevas víctimas de la pornografía, la cual despierta en ellos un interés pervertido en el sexo.

Existe un camino hacia la felicidad y la satisfacción sexual

La mejor manera de concluir este artículo es invitarte (si has caído en la pornografía) a renunciar a ella en el nombre de Jesús, y a romper ahora mismo con ese hábito destructor contrario al diseño divino para la sexualidad.

Si no puedes hacerlo solo, busca a un amigo cristiano maduro o a algún líder espiritual para que te ayude a renunciar a este pecado. No lo dejes para mañana. Hoy es el día de ser libre de las cadenas de esta esclavitud.

CÓMO RENUNCIAR A LA ADICCIÓN A LA PORNOGRAFIA Y A CUALQUIER CLASE DE PERVERSIÓN SEXUAL

  1. Recibe a Cristo como tu Salvador personal (Jn. 1:12).
  2. La sangre de Cristo puede limpiarte de todo pecado sexual si lo confiesas y te apartas de él (Leer 1 Co. 6:9-11; 2 Co. 2:5-11; 1 Jn. 1:9).

3. Renuncia en el nombre de Jesús específicamente a cada clase de perversión que hayas practicado en el pasado  para cerrar toda puerta abierta al pecado (Leer Pr. 28:13).

  1. Pide a Dios que te llene del Espíritu Santo y que su presencia inunde cada área de tu vida. Consagra tu vida sexual al Señor para que El la purifique (Ef. 5:18).
  2. Decide vivir conforme a los principios de pureza de la Palabra de Dios (Jos. 1:8).
  3. Desarrolla el hábito de aprender a resistir toda tentación sexual en el nombre de Jesús (Leer Stg. 1:12).
  4. Busca a los pastores o líderes espirituales de la congregación, para que te ayuden a ser libre de todo espíritu inmundo de perversión sexual (Muchas veces, lo que comenzó como una simple “distracción” termina siendo una atadura del diablo, y se necesita liberación) (Leer 1 Jn. 3:8).

SUGERENCIAS ÚTILES PARA MANTENER LA PUREZA SEXUAL

  1. Ten siempre presente que tu cuerpo es del Señor, no tuyo (1 Co. 6:13)
  2. Mantén una distancia prudencial (o aléjate) de las personas del sexo opuesto y de aquellas con tendencias sexuales pervertidas. Eso no significa rechazarlas como personas, sino no participar ni aprobar su estilo de vida sexual contrario al diseño divino. Recuerda que detrás de estas personas, están los demonios de perversión que buscan devorar a “los distraídos”.
  3. Cuida tus ojos, lo que miras e incluso lo que lees. ¡Cuidado con lo que miras en la Internet!
  4. Cuida tu mente. Debes detectar y desechar cualquier imaginación o fantasía sexual. Y en cambio pensar en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza” (Fil. 4:8).

5. Evita decir cosas sugestivas y palabras “con doble sentido” que alimentan la inmundicia sexual.

6. Cuida los gestos. Hay una manera de caminar y moverse que puede excitar sexualmente a otros. La mujer prudente no necesita despedir sexo, sino manifestar la presencia y la pureza de Cristo.

7. No alimentes los deseos de la carne, sino contrólalos con la obediencia a la Palabra.

8. Rodéate de amigos que practiquen la vida cristiana y vivan en pureza sexual. Practicar en santidad no es algo vergonzoso sino todo lo contrario. Nos hace especiales para Dios.

9. Decide ser una persona que cuide su vida sexual y la consagre a Cristo en un marco de santidad y pureza.

10. No sientas vergüenza de ser diferente en tu manera de ver la vida sexual en el mundo “anti Dios” que te rodea, porque eso es ver las cosas como Dios la ve.

¡En la presencia de Dios no hay vergüenza sino seguridad, confianza, amor y libertad para disfrutar de todo, incluso de la vida sexual como Él la ha diseñado y en el marco donde Él la aprueba (la vida matrimonial)!

 

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