Cuando escuchamos hablar de “intimidad”, casi siempre pensamos en la “relación sexual”. Sin embargo, la característica esencial en el matrimonio es la entrega total de ambos cónyuges que se dan mutuo amor, placer, compañía, apoyo, comprensión, seguridad, etc.

Sí, la intimidad incluye la unión libre y placentera de nuestros cuerpos a través de la relación sexual, pero no se limita solo a ella. Más aún, el grado de satisfacción y plenitud de la sexualidad tiene que ver con el grado de intimidad que los cónyuges han alcanzado en las distintas facetas de su vida matrimonial.

De modo que podemos decir que, a excepción de las limitaciones que una enfermedad o afección física pueda ocasionar a veces en la vida sexual, la gran mayoría de los problemas que enfrentan los cónyuges en la cama, son producto de su intimidad en la vida cotidiana. Por tal motivo, es muy difícil que la mujer se sienta bien predispuesta a una noche de intimidad sexual con un esposo que durante el día no se ha comunicado con ella, no la ha tratado delicadamente o no la ha ayudado en los quehaceres domésticos para aliviar su carga. Por otro lado, el hombre podrá responder a su “instinto” y tener un encuentro sexual; pero no será en absoluto un encuentro romántico si la mujer no ha sido comprensiva con él y no le ha brindado el apoyo y respeto que necesita.

Por todo esto, podemos afirmar que la “intimidad” en la relación conyugal abarca un contexto mucho más amplio que la faceta sexual. El autor del libro de Eclesiastés habla de dos personas que se acuestan y se brindan calor mutuamente (Eclesiastés 4:11). Sin embargo, el mismo pasaje hace referencia a un “cordón de tres dobleces [que] no se rompe pronto” (v. 12) para simbolizar la relación íntima e indestructible que existe en el matrimonio cuando Dios está presente.

Ahora bien, para disfrutar de una “verdadera intimidad”, los cónyuges necesitan encontrarse libremente y sin impedimentos de ninguna especie. Uno de los principales obstáculos que atentan contra la intimidad en la pareja es, sin lugar a dudas, la falta de tiempo.

En medio del ritmo vertiginoso de la vida moderna, donde el tiempo se nos escurre como agua entre las manos, necesitamos aprender a redescubrir el valor de los “pequeños momentos” de intimidad con nuestro cónyuge. Lo ideal es disponer de todo el tiempo del mundo para dedicar a nuestra relación matrimonial, sin que nada ni nadie nos impida disfrutar de ese momento. Sin embargo, la realidad es que nuestras obligaciones diarias, los hijos, el trabajo, el estudio, los quehaceres domésticos, etcétera, atentan contra la intimidad conyugal.

Si no queremos frustrarnos, debemos aprender el secreto de disfrutar de los “pequeños momentos” de intimidad como los que mencionaremos a continuación:

1. Intimidad sexual

“Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”(Génesis 2:25).

Como primer punto, mencionamos esta faceta de la intimidad matrimonial, porque este pasaje del libro de Génesis marca el comienzo de la historia de la humanidad, y es allí donde Dios estableció un patrón de conducta para la vida conyugal.

La frase “estaban ambos desnudos” se refiere, básicamente, a la intimidad sexual entre el hombre y la mujer; pero tiene un significado mucho más profundo del que se lee a simple vista. En realidad, denota un grado de intimidad total. El hábitat donde Dios los había colocado era perfecto; contaba con todos los elementos indispensables para vivir en armonía, sin complejos y con toda naturalidad. Sin embargo, después de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, sus ojos se abrieron, y eso contaminó todo su ser. No es que el sexo fuera malo, sino que ahora se avergonzaban porque ya no estaban revestidos por la gloria de Dios (Romanos 3:23). El mal había penetrado en el alma humana, y ya no podían disfrutar del placer de la intimidad sexual sin sentir vergüenza.

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24).

Es importante que el esposo y la esposa cristianos disfruten de la sexualidad que Dios creó, porque por medio de ella, el hombre y la mujer se convierten en “una sola carne”. Es decir que llegan a ser uno solo, alcanzan un grado de unidad máxima que fortalece la relación y el vínculo matrimonial.

Por ello, cada pareja deberá buscar el momento adecuado y conveniente para no descuidar esta faceta primordial en el matrimonio según el diseño divino.

2. Orar juntos a Dios

Los cónyuges que desean tener verdadera intimidad deben encontrar momentos para orar juntos por las necesidades y los desafíos de la vida cotidiana. En medio de la rutina y las múltiples obligaciones diarias debemos enfrentar diferentes retos y dificultades. Y la única manera de enfrentarlos victoriosamente es orar para que el Señor guíe nuestros pasos y nuestras decisiones.

La pareja cristiana debe orar también por el propósito y la voluntad de Dios para cada una de sus vidas, su matrimonio y su hogar. Un momento de oración breve, pero poderoso, puede traer grandes beneficios a la pareja y al hogar, porque Jesús dijo: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20, nvi). ¡Pruébalo y verás!

3. Conversar sobre temas de edificación espiritual

Como primera medida, cada cónyuge debe tener comunión íntima con Dios para cultivar su propia vida espiritual. Esta es una columna fundamental, que cada cónyuge debe aportar a la felicidad y la paz en el hogar. Sin embargo, un aspecto importante de la vida conyugal es sostenerse y edificarse uno al otro, y para ello, qué mejor que conversar con nuestro cónyuge de algo que Dios nos ha revelado en su Palaba o reflexionar juntos sobre el párrafo de un libro que nos ha bendecido en la semana.

La Palabra de Dios afirma sabiamente que “uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir” (Eclesiastés 4:12, nvi). De modo que los cónyuges que quieren ser vencedores, no solo deben desarrollar comunión íntima con Dios, sino también comunión espiritual entre ellos.

4. Conversar sobre asuntos de la vida cotidiana

“Todo tiene su tiempo… tiempo de callar, y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3: 1,7).

Otro aspecto indispensable de la relación conyugal es la comunicación. El buen diálogo fortalece y enriquece el matrimonio. Acerca al marido y la mujer y les ofrece un ambiente de seguridad que mantiene alejadas las tentaciones. Una buena comunicación en la pareja hace que las alegrías se disfruten más y las penas duelan menos.

Dios hizo a la mujer para que fuera el complemento del hombre (Génesis 2:18), y como tal, eso se refleja en su modo de comunicarse. A la mujer le gusta hablar de sus sentimientos y de temas tan profundos como las relaciones humanas o tan insignificantes como el color de la blusa que se acaba de comprar. No importa el tema, la buena comunicación las hace sentirse amadas. Por otro lado, los hombres están menos predispuestos a hablar de sus sentimientos, y la mayoría prefiere conversar sobre actividades como el trabajo o su deporte preferido.

Los cónyuges sabios se esforzarán en mejorar su comunicación. La mujer deberá discernir cuándo es momento de callar y cuándo de hablar, y el hombre deberá aprender a escuchar. Sin duda, desarrollar una buena comunicación en el matrimonio requiere mucho esfuerzo; pero el enorme beneficio de poder expresar nuestras ideas y sentimientos con absoluta sinceridad y recibir comprensión de la otra parte bien vale la pena el esfuerzo.

5. Participar en actividades juntos.

“Goza de la vida, con la mujer que amas, todos los días de tu vana vida que Dios te ha dado debajo del sol; porque esta es la porción de tu vida y del duro trabajo con que te afanas debajo del sol” (Eclesiastés 9:9, RVR-2015).

Cualquier actividad que los cónyuges realicen juntos fomenta la amistad entre ellos y fortalece el vínculo de unidad en la pareja. Como dice un antiguo dicho: “La pena compartida duele menos y la alegría compartida se disfruta más”. No hay ningún secreto en esto. Actividades tan simples como salir a caminar, hacer gimnasia, practicar algún deporte, cocinar, limpiar la casa, cortar el césped, mirar un programa de televisión o película juntos… las opciones son innumerables. Todo ayuda para gozar de la vida con la pareja que Dios nos ha dado.

La suma de todos estos momentos te ayudará a disfrutar de una verdadera intimidad. No te rindas ni te conformes con menos. Busca hoy mismo la manera de encontrar estos “breves momentos” para disfrutar con tu cónyuge. ¡Tu relación matrimonial te lo agradecerá!

PARA MEDITAR Y REFLEXIONAR

1. No esperes el momento ideal (o tener todo el tiempo del mundo). En cambio, acepta la realidad (la necesidad de aprender a disfrutar de los “pequeños momentos” con tu cónyuge).

2. Identifica cuál de los cinco momentos de intimidad mencionados necesitas reforzar.

3. Piensa en algunas ideas creativas que te ayuden a reforzar esos momentos de intimidad y encontrar “pequeños momento” para disfrutar con tu cónyuge. ¡Haz volar tu imaginación!

4. Decide hoy mismo hacer lo necesario para reforzar la intimidad con tu cónyuge, y ora al Señor para que te ayude a descubrir el secreto de una verdadera intimidad… ¡y practicarla!

Dios te bendiga.

Ritchie y Rosa Pugliese

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